El cineasta griego reimagina el clásico de culto coreano ‘Save the Green Planet!’ en una sátira perturbadora sobre el patriarcado, la salud mental y la paranoia intergaláctica.
Yorgos Lanthimos ha vuelto a demostrar que no hay material ajeno que no pueda canibalizar y transformar en una pieza propia de orfebrería bizarra. En ‘Bugonia’ (2025), su décimo largometraje, el director se aleja de la pulcritud victoriana de Pobres criaturas para encerrarnos en un sótano mugriento, recordándonos que el horror más efectivo es aquel que nace de una convicción absurda.

Una premisa alucinada
Aunque se trata de un encargo —un remake en inglés del filme coreano de Jang Joon-hwan—, el guion de Will Tracy se toma libertades creativas que inyectan una nueva capa de cinismo occidental. La trama nos presenta a Teddy Gatz (Jesse Plemons), un apicultor a tiempo parcial y teórico de la conspiración a tiempo completo. Teddy está convencido de que Michelle Fuller (Emma Stone), la poderosa CEO de la farmacéutica Auxolith, es en realidad una alienígena cuyos fármacos dejaron a su madre en coma.

Lo que sigue es un relato de secuestro ferozmente inteligente. Ayudado por su primo Don (Aidan Delbis), Teddy somete a una Michelle maniatada y rapada a un interrogatorio demencial para evitar que use su cabellera como antena de comunicación con su nave espacial.
La arquitectura del caos
Bugonia no es solo una película de género; es una disección de los sistemas que nos rigen: desde el sanitario y el nervioso hasta el patriarcado y el cosmos mismo. La atmósfera de temor constante, marca registrada del cine de Lanthimos, se apoya en dos pilares técnicos fundamentales:

- La música de Jerskin Fendrix: Tras su éxito en Pobres criaturas, Fendrix regresa con una partitura interpretada por la London Contemporary Orchestra. El resultado suena a “ecosistema en descomposición”. Como curiosidad, Lanthimos no le entregó un guion, sino una lista de cuatro conceptos clave: abejas, sótano, nave espacial y “Emily-pelada”.
- El sonido de Johnnie Burn: El diseñador sonoro de La zona de interés vuelve a esculpir una atmósfera de angustia a través de detalles difusos y texturas inquietantes que mantienen al espectador en un estado de alerta permanente.
La alquimia perfecta
El filme consolida la “sociedad ilimitada” entre Lanthimos y sus actores fetiche. Emma Stone, en su cuarta colaboración con el griego, ofrece una interpretación física y vulnerable, mientras que Jesse Plemons reafirma por qué es uno de los actores más magnéticos de su generación tras su paso por Kinds of Kindness.

La cinta culmina con una secuencia final de tableaux vivants que promete ser el “truco” más audaz en la filmografía del director. Es un cierre que encapsula la tesis de la película: cómo el deseo humano de proteger a los otros puede mutar, bajo la luz parpadeante de un sótano, en un ansia destructora.

En Bugonia, la humanidad no es una virtud, sino un instinto alienígena que apenas comprendemos.

