mié. Ene 7th, 2026
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El fenómeno de mandatarios que publican memorias es habitual, pero el camino inverso es una rareza histórica: literatos consagrados que, empujados por sus ideales, decidieron tomar las riendas de sus naciones. Repasamos la trayectoria de tres gigantes de las letras hispanas que cambiaron el escritorio por el palacio de gobierno.

Rómulo Gallegos: El triunfo breve de la voluntad popular
Considerado el máximo exponente de la narrativa venezolana, el autor de Doña Bárbara hizo historia en 1948. Gallegos no solo llegó al poder con el prestigio de sus novelas, sino con una legitimidad aplastante: obtuvo más del 80% de los votos en la primera elección con sufragio secreto y universal en Venezuela.

Sin embargo, la realidad política fue más cruda que la ficción. Su mandato duró apenas nueve meses; ese mismo año, un golpe de Estado liderado por Carlos Delgado Chalbaud puso fin al sueño democrático del novelista, enviándolo de vuelta al exilio y a sus libros.

Juan Bosch: El cuentista que desafió a una dictadura
En la República Dominicana, la figura de Juan Bosch trasciende lo literario. Destacado cuentista e historiador, Bosch pasó años en el exilio siendo el rostro visible de la resistencia contra el dictador Rafael Trujillo.

Tras la caída del régimen, fue electo presidente en 1962, convirtiéndose en un símbolo de esperanza democrática. No obstante, su destino guardó un amargo paralelismo con el de Gallegos: apenas siete meses después de asumir, un golpe militar truncó su gestión, demostrando lo difícil que resultaba para los intelectuales de la época sobrevivir en el convulso tablero del Caribe.

Domingo Faustino Sarmiento: El educador que moldeó una nación
A diferencia de sus colegas dominicano y venezolano, el argentino Domingo Faustino Sarmiento sí logró completar su mandato (1868-1874) y dejar una huella institucional indeleble. Escritor, periodista y autor de la icónica obra Facundo, Sarmiento entendió la presidencia como una extensión de su labor docente.

Bajo su gestión, Argentina vivió una revolución cultural sin precedentes: fundó más de 800 escuelas y sentó las bases de la educación pública y laica. Para Sarmiento, la pluma y la espada —y más tarde la banda presidencial— fueron herramientas de un mismo fin: “civilizar” el territorio.

La historia nos deja una pregunta abierta: En un mundo de tecnócratas y políticos de carrera, ¿hace falta más literatura en las casas presidenciales?
Participa con nosotros: ¿Recuerdas el caso de algún otro escritor que haya asumido el liderazgo de su país?


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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