Londres, 13 de enero de 1972. Mientras una llovizna gélida envolvía el Soho, David Bowie se preparaba para cambiar la historia del rock frente al lente de Brian Ward. Lo que hoy recordamos como una explosión de color galáctico nació, en realidad, de una sesión austera y monocromática marcada por el azar.

Entre la fiebre y el asfalto
Pocos saben que el icónico alienígena de Heddon Street estaba librando una batalla contra la gripe. Debilitado y buscando refugio del frío londinense, Bowie se negó a alejarse del calor del estudio de Ward. Por ello, la sesión se limitó a unos pocos metros de distancia, en el callejón frente al número 23.

Allí, bajo el letrero de “K. West” —una discreta empresa de peletería que, sin buscarlo, se convertiría en el santuario de peregrinación más famoso del glam rock—, se capturaron las tomas originales en blanco y negro.
El toque de Terry Pastor
La estética futurista que hoy conocemos no fue obra de la cámara, sino del pincel. El artista Terry Pastor fue el encargado de aplicar color a mano sobre las fotografías originales, dotando a la escena de esa atmósfera surrealista y vibrante que definió la era de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars.

Foto: T.O’Neill
Lo que comenzó como una sesión improvisada por un músico febril terminó por consolidar la imagen de la estrella de rock definitiva del siglo XX.

