dom. Ene 25th, 2026
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Corría el año 1986 cuando la periodista española Pilar del Río cerró las páginas de Memorial del convento. El impacto fue tal que la curiosidad se transformó en urgencia tras leer El año de la muerte de Ricardo Reis. Para Del Río, ya consolidada en el periodismo español, reseñar aquellas obras en prensa y televisión no era suficiente: necesitaba descifrar al hombre detrás de las palabras.

​Lo que comenzó como una búsqueda profesional terminó en un café en Lisboa, bajo el sol de junio. Durante horas, recorrieron la capital lusa entre confidencias y promesas de contacto. Lo que siguió fue una danza epistolar que duró dos años, hasta que el destino —o la literatura— los volvió a reunir en España en 1988.

​Un vínculo más allá de las palabras

A pesar de los 28 años de diferencia (él tenía 66 y ella 38), la conexión fue absoluta. Ese mismo año sellaron su unión en matrimonio, iniciando una de las sociedades intelectuales y afectivas más emblemáticas de las letras contemporáneas.

José Saramago y Pilar del Río, fotografiados por Javier Salas.

La relación dio un giro profesional definitivo cuando Basilio Lozada, traductor histórico de Saramago, se retiró. Pilar asumió el reto de trasladar al español el universo complejo del Nobel, firmando las versiones en castellano de obras fundamentales como:

  • Todos los nombres
  • La caverna
  • El hombre duplicado
  • Ensayo sobre la lucidez
  • Caín

“Pilar apareció cuando era necesaria. Cuando me era necesaria a mí”, confesó alguna vez el autor de Ensayo sobre la ceguera. “Tengo muchas razones para pensar que el gran acontecimiento de mi vida fue haberla conocido”.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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