sáb. Ago 30th, 2025
Comparte si te ha gustado

La segunda temporada de la Orquesta Filarmónica de Jalisco cerró bajo la batuta de su titular, José Luis Castillo, con un concierto muy español: cuatro muestras de la obra de tres músicos de diferentes generaciones, pero que coincidieron en su trayectoria vital por 21 años (hasta la muerte del mayor -no solo por edad-, Manuel de Falla, en 1946), con fecundas relaciones de influencia que reflejan muy bien la vigorosa historia de la música de un país que resucitó del marasmo y la mediocridad tras la paradójica derrota de 1898 ante Estados Unidos y la pérdida de lo que era ya en su mayor parte una ficción política, el “imperio” colonial, desastre que llevó a retomar el camino dejado casi dos siglos atrás, y encabezar con algunos de los mayores creadores, las artes y la cultura europeas. No es dato menor que los tres creadores terminaran en el exilio tras la triunfo de Francisco Franco en la Guerra Civil y la instauración de una dictadura que sobreviviría tres décadas a la muerte de De Falla. El arte también hace eco del conflicto político y cultural en el que siguen inmersos muchos peninsulares.

Hemos escuchado, los pasados 10 y 13 de julio, de Rodolfo Halffter, el Divertimento para nueve instrumentos, y de Julián Orbón, la Partita número 4, movimiento sinfónico para piano y orquesta, expresiones contenidas, económicas de instrumentación, pero llenas de ese sabor inconfundible de lo que fue lo español en la música a partir de la generación de Albéniz y Granados, y con la audacia y la energía de las diferentes corrientes contemporáneas. Esa primera parte del concierto lo coronó la aplaudida solista española Noelia Rodiles (piano) con la “Rapsodia asturiana” del padre de Orbón, de nombre Benjamín.

En la segunda parte, un par de obras que muestran la versatilidad, el aliento creador y el genio excepcional del andaluz Manuel de Falla, uno de los grandes músicos del siglo XX y tal vez el mayor que ha dado España. Abrió, con la misma intérprete asturiana, el concierto para piano (originalmente, para clavicordio) y cinco instrumentos, una expresión camerística donde el maestro muestra su enorme bagaje, de los renacentistas y Bach a la escuela de Viena, con melodías simples y armonías austeras muy de los años 20 en que fue compuesto y ejecutado.

El cierre fue la espléndida suite del ballet El Sombrero de tres picos, una de las más justamente famosas obras del gaditano, donde el agreste, casi salvaje sabor del país mediterráneo da pie a una conjunción de melodías contrapunteadas que derivan en frenéticas danzas hasta la apoteosis final, un broche de oro para una temporada llena de estrenos, innovaciones y audacias del conjunto orquestal tapatío, que se acerca a sus 40 años de vida bajo esa denominación.


Comparte si te ha gustado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *