No imagino a las madres de Venezuela cualquier día desde julio del 24 esperando frente a la puerta de Tocorón con paquete de comida que quizás no pase las rejas con un silencio que las envuelve, no es casual, es exacto de amar a un preso político en un país partido.
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Esta es su historia, paso a paso, contada con los hechos que todos hemos visto en titulares y reportes:

Julio 2024: Elecciones y rejas masivas.
El 28 de julio, elecciones controvertidas desatan la represión: más de 2,000 detenidos políticos en prisiones como Tocorón y El Rodeo. Madres, esposas y hermanas —casi siempre mujeres— quedan en silencio forzado: no denuncian por amenazas, pierden empleos por el estigma de “traidoras”, y cargan pobreza sola mientras sus hogares se vacían. Esas familias invisibles viven discriminación laboral y social, marcadas como cómplices.
2025
Promesas rotas de EE.UU. Trump regresa a la Casa Blanca y aprieta: julio trae swaps de presos
(americanos por venezolanos), pero diciembre solo suelta 71 con “presentaciones” obligatorias —grilletes
invisibles—.
Human Rights Watch denuncia aislamiento total: sin visitas, medicinas ni noticias. Familias colapsan
en alucinaciones de esperanza, viajes imposibles y trauma por torturas lejanas que sienten en carne propia.
1 enero 2026
Gota a gota en Tocorón. Ochenta y ocho liberados, pero con régimen de control que perpetúa el miedo. Más de 900 quedan adentro. Mujeres viajan semanas para abrazos a medias, solo para volver a la incertidumbre. El estigma no afloja: vecinos las señalan, trabajos se esfuman.
2 enero 2026
Aviones gringos y Maduro cae Ataques aéreos de EE.UU. capturan a Maduro y su esposa. Prometen la transición, algunos presos aterrizan en San Antonio, Texas. Pero el caos estalla: familias temen venganzas chavistas, madres en EE.UU. enfrentan nuevo prejuicio por tatuajes o rumores de pandillas. ¿Libertad real o rebote de violencia?
Como investigadora de familias invisibles en México, este eco me duele: urge no solo llaves de celdas, sino sanar almas rotas con terapia, reinserción laboral y fin al dedo acusador. Venezuela grita: ¿humanismo penitenciario o más rejas del alma?

