vie. Ene 9th, 2026
Sobre abandono, crueldad y responsabilidad animal 
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Según datos del INEGI, en el año 2021 se estimó que existían en nuestro país alrededor de 80 millones de animales llamados de compañía, principalmente perros y gatos. De estos, aproximadamente 25 millones de perros sobreviven en las calles. Este dato no solo es un número, implica una variedad de sufrimientos constates que padecen estos animales.

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La crueldad y matanza a la que tienen que enfrentarse, se conjuga con su dependencia a los humanos. Debido a ello “[…] mueren de hambre o aplastados por vehículos. Algunos son apaleados, martirizados y muertos por la población local que los considera como la peste, y sin embargo algunos sobreviven en condiciones precarias” (Danten, 2008, p. 244).

Es común adjudicar toda la responsabilidad a los ciudadanos que abandonan o permiten que se reproduzcan los animales que están bajo su resguardo, a sabiendas que no podrían cuidar y hacerse responsables de todos los individuos -caninos o felinos- que nazcan.

La responsabilidad ciudadana ha tratado de hacerse efectiva creando sanciones administrativas y penales por parte de las autoridades estatales y federales. Sin embargo, no han frenado el abandono y la sobrepoblación de estos animales que ha existido desde tiempos coloniales.

Por ejemplo, en el siglo XVI, la Corona estableció que, si alguna persona echaba a las calles o plazas perros, sería multado económicamente (Bentura, citado por Bolio y Bolio, s.f, p. 32). También existieron regulaciones para disminuir la población de perros ferales (Bueno, citado por Sedano, Perezgrovas y Sedano, s. f.).

Las normas, en los hechos, no han sido eficaces. En otras palabras, una norma no solo debe ser establecida jurídicamente, sino también debe ser obedecida y aplicada (Kelsen, 2007, p. 25) para lograr erradicar la crueldad animal a través de regular la conducta humana indeseada. Para llegar este fin, se debe indagar en las contradicciones que están detrás de la crueldad animal.

Las normas y, en su caso, la sanción, no solo debe aplicarse a los ciudadanos que abandonan o reproducen animales irresponsablemente, ni en aquellos otros que crean, adaptan albergues o refugios con la intensión de salvaguardar a estos animales indeseados por la gran mayoría de los pobladores humanos.

También debe sancionarse a todos los implicados en la industria de animales caseros, pues es un hecho que “la responsabilidad de esta industria queda, puede decirse, totalmente oculta” (Danten, 2008, p. 250).

En el capitalismo, esta industria se beneficia económicamente porque los animales son percibidos como meras mercancías que se pueden comprar y desechar. Son meros valores de cambio y se les impone un valor social basado en la ideología y el fetiche del “racismo animal”, su sufrimiento y matanza, en el mejor escenario, quedan en segundo plano.

Así como se evidencia y rechaza el maltrato en los albergues o refugios, también se debe mostrar y repudiar el que padecen los animales en las calles principalmente por el abandono o la irresponsabilidad, así como el que existe dentro de los centros de exterminio estatal, en los criaderos y en toda “la industria de animales caseros”.

Uno de los grandes retos que tenemos como sociedad en el capitalismo, es visibilizar las diversas formas de crueldad animal, y no solo censurar aquellas que nos muestran los medios de comunicación y no son aceptadas socialmente.

La crueldad animal está en muchas calles, en algunos albergues y bastantes hogares, “en la recría en concentración, cruces entre sanguinos, selección intensiva, tiendas de animales, en el cautiverio, en las aberraciones anatómicas, mutilaciones por convención, en la muerte arbitraria por petición, promoción de la industria, cooperación activa de veterinarios (Danten, 2008, p. 353), en ciertos espectáculos, en no poca investigación médica, en algunos elementos de nuestras vestimentas y, desde luego, en casi todo lo que las personas comen.

Un pensamiento crítico es capaz de reconocer y repudiar estas contradicciones evidentes, sin hacer excepciones basadas en gustos, placeres o caprichos. Toda huella de sufrimiento animal sin sentido desmiente al engañoso mito social de que se está en contra de la crueldad animal.  

Referencias:

Bolio Héctor; Bolio Juan (s.f) Los perros en tiempos coloniales, consultado en: 

https://revistas.inah.gob.mx/index.php/glifos/article/download/13098/14219/26192

Danten Charles, 2008, Un veterinario encolerizado, México: FCE.

INEGI, Sala de prensa, consultado en: https://www.inegi.org.mx/app/saladeprensa/noticia/7021  Sedano Eréndida ; Perezgrovas Raúl; Sedano Valeria, (s.f), El papel del perro durante la época prehispánica y colonial, consultado en:  https://sociedadesruralesojs.xoc.uam.mx/index.php/srpma/article/download/477/441/


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Por Nely Lucano

Licenciada y Maestra en filosofía, doctora en humanidades por la UdeG, académica del CUCSH, directora del proyecto "Animales y Praxis" y Encargada de Enlace Académico de la ONG Igualdad Animal México.

Un comentario en «Sobre abandono, crueldad y responsabilidad animal »
  1. El que haya personas en situación de calle, sean humanas o no humanas, es un síntoma de que la sociedad está muy enferma. Me parece también ilógico que hoy en día se sigan vendiendo perros y gatos en vez de que se promueva su adopción. Esperemos que en los próximos años esto cambie.

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