A menudo se celebra a Julio Verne como el visionario del viaje lunar o las profundidades abisales. Sin embargo, existe una “profecía” mucho más inquietante y menos explorada en su bibliografía: el ascenso del totalitarismo germánico. En su novela de 1879, Los quinientos millones de la Begún (o La fortuna de los Begum), el autor francés no solo imaginó el futuro de la guerra, sino que delineó, con una precisión quirúrgica, los rasgos del horror que asolaría a Europa décadas después.
La Distopía de la Ciudad del Acero
La trama presenta a dos hombres unidos por una herencia colosal y divididos por sus ideales: el Doctor Sarrazin, un filántropo francés, y el Profesor Schultze, un académico alemán imbuido de un nacionalismo exacerbado. Con su parte de la fortuna, Sarrazin funda Franceville, una utopía higienista y pacífica. Por el contrario, Schultze erige Stahlstadt (la “Ciudad del Acero”), una metrópolis-estado totalitaria dedicada exclusivamente a la industria bélica y al desarrollo de armas de destrucción masiva.

Schultze no es un villano genérico; es un proto-Hitler. En las páginas de Verne, el profesor alemán predica la supremacía de la “raza sajona” y la necesidad de aniquilar a quienes considera inferiores. La frialdad logística de su Ciudad del Acero anticipa el complejo militar-industrial y la estética de control absoluto que caracterizarían al Tercer Reich.
Entre la Sátira y el Trauma de Guerra
Para entender esta obra, es imperativo mirar el calendario. Verne escribe apenas nueve años después de la Guerra Franco-Prusiana, donde Francia sufrió una humillación devastadora a manos del Imperio Alemán de Otto von Bismarck. Bajo esta luz, la novela funciona como una catarsis nacionalista: una ficción donde los héroes franceses logran frustrar la maquinaria de guerra germánica que, en la realidad, los había aplastado.
Es muy probable que Schultze no fuera un eco del futuro Führer, sino una sátira feroz del propio Bismarck. No obstante, el arte tiene la extraña capacidad de calcar patrones históricos. Verne no necesitaba ser Nostradamus; le bastó con observar el espíritu expansionista de su tiempo para trazar la trayectoria de lo que vendría.

Un Legado Curioso
Resulta irónico que uno de los lectores más devotos de Verne fuera el Kaiser Guillermo II, cuya política exterior llevó al mundo a la Gran Guerra. Si consideramos que la novela es, esencialmente, un thriller político-tecnológico —un género que Verne fundó un siglo antes que Tom Clancy—, surge una pregunta inevitable:
¿Qué habría pensado Adolf Hitler de esta obra? Resulta escalofriante imaginar al dictador, nacido diez años después de la publicación del libro, leyendo la historia de un villano que parecía ser su propio reflejo en el espejo de la ficción.
Aunque no se cuenta entre las cimas literarias de Verne, La fortuna de los Begum permanece como un recordatorio de que, a veces, la literatura no solo imagina el futuro, sino que advierte sobre los monstruos que ya están gestándose en el presente.

