vie. Ene 16th, 2026
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Ni edictos reales ni acrónimos prohibidos. La historia detrás de la palabra más controversial del inglés no reside en las leyes de la corona, sino en antiguos vocablos germánicos y registros judiciales del siglo XIV.

Por siglos, una historia ha circulado con la persistencia de una verdad absoluta: que la palabra fuck nació como el acrónimo de “Fornication Under Consent of the King” (Fornicación bajo consentimiento del rey). Según esta leyenda urbana, en la Inglaterra medieval el sexo estaba tan regulado que solo se permitía con el permiso explícito del monarca. Sin embargo, para los lingüistas, esta narrativa es pura ficción.

​El nacimiento de un mito moderno

Según Jesse Sheidlower, lexicógrafo y autor de The F Word, no existe ni un solo registro histórico que respalde el origen por siglas. De hecho, la idea de que la palabra es un acrónimo es relativamente reciente.

El primer rastro de este mito data del 15 de febrero de 1967, cuando el diario neoyorquino The East Village Other publicó una versión distinta: “For Unlawful Carnal Knowledge” (Para conocimiento carnal ilegal). La variante del “consentimiento real”, que hoy inunda las redes sociales, no apareció hasta 1970 en una carta enviada a la revista Playboy.

​Golpes y etimología germánica

Si no es una sigla, ¿de dónde viene? La respuesta es menos burocrática y más física. Kate Wiles, medievalista y jefa de redacción de History Today, explica que la raíz es germánica. “Lo más probable es que provenga de fokken, una palabra del bajo alemán que significa ‘golpear’“, señala Wiles.

Aunque se han barajado teorías que vinculan el término con el latín, el francés o incluso el egipcio, la conexión germánica es la que cuenta con mayor respaldo académico, sugiriendo una evolución semántica desde el acto de golpear hacia la penetración sexual.

​De apellidos curiosos a registros criminales

La palabra es mucho más antigua de lo que muchos sospechan. El diccionario Merriam-Webster sitúa su uso sexual a principios del siglo XIV, pero los archivos históricos guardan sorpresas:

  • 1287: Se tiene registro de un lugar llamado Ric Wyndfuk, cerca del bosque de Nottingham.
  • 1290: Aparece un hombre llamado William Smalfuk.
  • 1310: El historiador Paul Booth descubrió en actas judiciales a un tal Roger Fuckebythenavele, un nombre que hoy resultaría impronunciable en televisión, pero que en su época carecía de la connotación tabú actual.

​En estos casos tempranos, es probable que el término todavía conservara su significado original de “golpear” o tuviera un matiz descriptivo que hoy se nos escapa.

La epidemia de los falsos acrónimos

Fuck no es la única víctima de la etimología popular. Sheidlower advierte que el público tiende a crear historias complejas para palabras simples. Lo mismo sucede con “tips” (propinas), que falsamente se atribuye a To Ensure Prompt Service, o “cop” (policía), que muchos creen significa Constable On Patrol.

​Al final, la realidad es más sencilla pero menos “viral”: las palabras evolucionan orgánicamente a través del habla cotidiana, no por decretos reales ni etiquetas administrativas.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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