Tennessee ha perdido a su reina y la cultura contemporánea a uno de sus faros más deslumbrantes. A los 80 años, la partida de Dolly Parton deja un vacío tan incalculable como el imperio musical y humano que erigió a lo largo de casi siete décadas sobre las tablas.

Arquitecta de himnos universales como Jolene, 9 to 5 y la eterna I Will Always Love You, Parton logró una proeza reservada para unos pocos elegidos: derribar los corsés del country tradicional para erigirse en un icono pop global, una empresaria visionaria y una filántropa de alcance transformador. Detrás de las pelucas rubias, los lentejuelas brillantes y una agudeza mental filo-afilada, habitaba una de las compositoras más desarmantes y prolíficas del siglo XX.

Hasta el final, abordó los achaques del tiempo con esa franqueza descarada y entrañable que la caracterizaba. Mantuvo la mirada fija en el horizonte, escribiendo hasta su último aliento y demostrando que, aunque su voz haya guardado silencio, su eco seguirá resonando en cada rincón donde la música busque reconfortar el alma.