Es extraño que ni la lógica, la racionalidad o los datos que ofrecen diversas disciplinas resulten suficientes para abandonar ciertas prácticas donde están involucradas víctimas inocentes.
El concepto de víctima del latín “victimo, victimare” significa el que es sacrificado. El acto de comer o alimentarse a través de los cuerpos de otros animales se asoció con el termino “victus”.
A su vez, el concepto de inocente del latín “innocens, innocentis o insons” significa el que no es culpable, o, el que es inofensivo.
De esta forma los animales que se han domesticado y utilizan para el consumo humano son víctimas inocentes.
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El contenido de estos dos conceptos no es un mero conocimiento, alejado o carente de responsabilidad de quien lo sabe. Tampoco su contenido está desconectado de las condiciones socio-históricas.
En la actualidad, las sociedades industrializadas se guían por la lógica capitalista de la producción y consumo de mercancías a gran escala.
Animales como vacas, cerdos/as, gallinas o pollos son obligados a entrar en esta organización como cualquier otra mercancía. Lo que importa es que sus cuerpos o lo que producen: hijos/as, leche o huevo, son intercambiables por dinero o capital.
Se confinan a millones de animales en las llamadas “granjas industriales”, donde comúnmente viven vidas que no deberían ser vividas.
Muchos como los pollitos machos, solo nacen para ser matados; otros más al nacer o a los pocos días, como las “terneras” o “lechones”, son alejados de sus madres negándoles la experiencia del afecto maternal; el nacer hembra, como las gallinas “ponedoras” o vacas “lecheras”, implica una explotación sistemática.
Lo grave de todo esto es que todo este sufrimiento es innecesario. Organizaciones internacionales como la Unión Vegetariana Internacional, evidencia que la alimentación basada en plantas cubre las necesidades nutricionales que requiere el humano, en cualquier etapa de su vida.

Ciencias como la etología nos muestras que el comportamiento de los animales a la hora de sufrir es similar al nuestro. Los animales que se encuentran en las “granjas industriales” están expuestos a diversas formas de estrés, se violan las libertades y muchos de ellos son sometidos a sufrimientos extremos (Bekoff, Pierce, 2017).
Neuro-científicos que elaboraron la Declaración de Cambriedge nos evidencian que los animales son seres conscientes, incluso la usencia de un neocórtex no impide que un animal como el pulpo experimente estados afectivos.
Otorgar la seriedad a los argumentos lógico-racionales y a los datos de diversas disciplinas enmarcadas en “la ciencia del buen vivir animal” y no en el bienstarismo, y liberanos de la sin razón de comer los cuerpos de otros animales que provoca tanto daño a víctimas inocentes, es parte de desafío que implica dejar de sostener a un sistema que nos está llevando a nuevos estados de barbarie.
Bibliografía:
Bekoff Marc, Pierce Jessica, (2017) The Animals agenda, Freedom, Compassion and Coexistence in the Human Age, United States of America: Beacon Press.
The Cambridge Declaration on Consciousness (2012)
Unión Vegetariana Internacional: http://www.ivu.org/spanish/about.html
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