El ring de la UFC suele ser un escenario de gloria o de derrota estrepitosa. Sin embargo, en The Smashing Machine (2025), el director Benny Safdie prefiere situarse en la penumbra de los pasillos. En su primer largometraje sin la compañía de su hermano Josh, Safdie se aleja del frenetismo urbano de Uncut Gems para diseccionar la figura de Mark Kerr (Dwayne Johnson), el titán del octágono cuya vida personal fue un combate mucho más brutal que cualquier pelea profesional.

El “anti-Rocky”: La renuncia a la épica
Desde que Stallone subió las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia en 1976, el cine deportivo ha perfeccionado una coreografía previsible: el ascenso, la caída y la redención final. Safdie, sin embargo, decide patear el tablero. En lugar de abrazar la catarsis del héroe, propone un relato crudo, oscuro y casi experimental.

Aquí no hay montajes de entrenamiento motivadores ni bandas sonoras triunfales. El director apuesta por una estética de naturalismo asfixiante, capturando la adicción y los conflictos tóxicos con Dawn (Emily Blunt) desde una distancia gélida. Pero romper las reglas tiene un costo: al renunciar a la estructura emocional, la película sacrifica el ritmo, dejando al espectador en un limbo narrativo donde la introspección se confunde con el estancamiento.
Dwayne Johnson: ¿Un nuevo registro o un disfraz?
El gran reclamo del filme es, sin duda, la transformación de Dwayne Johnson. Despojado de su sempiterna sonrisa de “blockbuster” y de su carisma de acero, Johnson se sumerge en el papel más exigente de su carrera. Su interpretación es contenida, física y honesta; es el intento genuino de una estrella global por ser tomada en serio en el circuito del cine indie.

Lamentablemente, el compromiso del actor choca contra un guion que parece temerle a la profundidad.
- El vacío narrativo: Las escenas se suceden como fragmentos de un diario inacabado.
- Química desperdiciada: La relación con Emily Blunt, pieza clave para entender el colapso de Kerr, queda reducida a bocetos que nunca terminan de colorearse.
”Safdie apuesta por la autenticidad del silencio, pero se olvida de que, en el cine, el silencio debe decir algo.”
Veredicto: Una frialdad que distancia
The Smashing Machine tenía los ingredientes para ser la “biopic” definitiva sobre la fragilidad masculina en el deporte de contacto. Sin embargo, su enfoque —más cercano a un reality show contemplativo que a un drama cinematográfico— termina por esterilizar la historia. Es una película valiente en su forma, pero emocionalmente desértica.

Dwayne Johnson cumple con su parte del trato, demostrando que hay un actor bajo los músculos, pero Safdie parece haber olvidado que, para conectar con una tragedia, el público necesita algo más que una observación distante: necesita sentir el golpe.
