mar. Jun 23rd, 2026
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​En 1935, el cine de terror cambió para siempre con el estreno de La novia de Frankenstein, una secuela directa que, cobijada por una atmósfera sombría y la audaz estética del expresionismo alemán, dio vida a la icónica compañera del monstruo. Casi un siglo después, la directora Maggie Gyllenhaal retoma estos mitos fundacionales en ¡La Novia! (The Bride!, 2026), una reimaginación contemporánea que intenta escarbar en el costado más oscuro y gótico de sus personajes, pasándolos por el tamiz del mensaje feminista y la denuncia contra las injusticias estructurales.

​La propuesta arranca con fuerza. El filme abre con un prólogo desafiante y extravagante que establece las reglas del juego y anticipa el tono de la historia. En este arranque se nos presenta a la mismísima Mary Shelley —interpretada también por una camaleónica Jessie Buckley—, quien opera como una suerte de conciencia espectral que acompaña a la protagonista, Ida, a lo largo del relato. A través de intervenciones breves pero punzantes, la autora de la novela decimonónica funciona como una brújula en el proceso de autodescubrimiento de Ida, impulsándola a forjar su propia identidad y a rebelarse contra un entorno que intenta reducirla a un mero objeto de consumo.

​Sin embargo, las buenas intenciones de este subtexto político no tardan en diluirse. El resultado final es una película huérfana de identidad propia; un artefacto caótico que se debate incómodamente entre el espíritu criminal de Bonnie and Clyde y el nihilismo de un Joker con perspectiva de género. El guion carece de la musculatura necesaria para sostener semejante cruce de cables, lo que deriva en un ritmo inestable que desconcierta al espectador.

​En el núcleo de la trama, la criatura de Frankenstein (un Christian Bale entregado al exceso) busca desesperadamente mitigar su soledad y exige a una doctora que le manufacture una compañera. El cadáver elegido para el experimento resulta ser el de una mujer asesinada, un rol que Buckley asume con una visceralidad desbordante, alternando gritos de furia, humor negro y desgarro existencial. Esta interpretación aleja drásticamente a la actriz de sus trabajos más contenidos —como el visto en Hamnet— para adentrarla en las aguas de la excentricidad y el desgaste físico.

​Es precisamente este giro ideológico y la colisión de géneros cinematográficos lo que ha colocado a la producción en el ojo del huracán mediático. Desde que se anunció el proyecto, ¡La Novia! ha fracturado a la opinión pública: mientras una parte de la crítica y el público celebra su irreverencia y originalidad, la facción más purista manifiesta su decepción ante lo que consideran una ruptura sacrílega con la tradición gótica y la representación clásica del mito. Gyllenhaal ha filmado una obra que no deja a nadie indiferente, aunque en el camino haya sacrificado la cohesión de su propia criatura.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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