dom. Jun 21st, 2026
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​Aunque fue mutilada por la censura y rechazada en su época, la obra cumbre del director polaco resurge en pleno siglo XXI como el tótem definitivo del terror vanguardista.

​Aunque tardó décadas en calar en el imaginario colectivo, Possession (1981) se erige hoy como una de las piezas de terror europeo más influyentes de los años 80. Tras un largo periodo de letargo y culto subterráneo, la llegada del formato doméstico —y, más tarde, el auge del streaming— le insufló una segunda vida que no para de expandirse desde los márgenes de la cinefilia. Dirigido por el indómito cineasta polaco Andrzej Żuławski y ambientado en un gris y opresivo Berlín Occidental, el filme ya era un milagro anómalo desde su misma concepción.

​Del festival de Cannes al algoritmo de TikTok

​Parte de este renacimiento contemporáneo se debe a la volcánica e inolvidable interpretación de Isabelle Adjani, una entrega física y emocional que le valió el premio a la Mejor Actriz en Cannes y el César en 1981. Varias de sus secuencias más perturbadoras —como la mítica crisis histérica en el metro— han encontrado un inesperado eco en las redes sociales. Hoy, los fotogramas de Adjani pueblan avatares de X (Twitter) y Tumblr, resignificados incluso como estandartes de una catarsis feminista.

​Sin embargo, reducir el filme a una sola lectura sería un error. La naturaleza de Possession es demasiado poliédrica: su caudal de ideas transita con una soltura pasmosa entre el humor negro, la exploitation más pura, el drama conyugal, el existencialismo y la denuncia geopolítica.

“Una película sobre una mujer que se folla a un pulpo”.
— Así le presentó Żuławski el proyecto a Paramount. El estudio lo rechazó de inmediato.

Un drama matrimonial infectado por Lovecraft

​En la superficie, el argumento es sencillo. Sam Neill interpreta a Mark, un agente secreto que regresa a su hogar en el Berlín Oeste para descubrir que su esposa, Anna (Adjani), le pide el divorcio. Ella está enamorada de otro hombre, un excéntrico místico llamado Heinrich. Disperso entre los celos y la sospecha, Mark inicia una investigación privada solo para descubrir que el verdadero amante de su esposa no es humano, desencadenando un espiral de caos indescriptible.

​Lo que arranca como un drama de ruptura convencional pronto dinamita las convenciones del género. Żuławski utiliza el manual del cine de terror moderno —el gore, el misterio surrealista y las criaturas de inspiración lovecraftiana— para dar una lección magistral de cómo hibridar el cine de autor con la serie B. Es un recordatorio contundente, directo a la mandíbula de quienes hoy pretenden acuñar el pretencioso término de “terror elevado”: el género siempre fue inteligente, y Possession es la prueba viviente de ello.

El puente entre el terror transgresor y el cine del Este

Influencias OccidentalesSensibilidad del Cine del Este
William Friedkin (El Exorcista)Wojciech Has (El manuscrito encontrado en Zaragoza)
Roman Polanski (La semilla del diablo)Walerian Borowczyk (La bestia)
David Lynch (Eraserhead)Cine de vanguardia polaco

Si La noche de los muertos vivientes (1968) redefinió el terror independiente americano, Possession hizo lo propio en Europa. Logró emparejar armónicamente los hitos del terror psicológico occidental con la sensibilidad del bloque del Este, dando como resultado un filme de arte y ensayo de dimensiones épicas; una auténtica superproducción de horror experimental sin precedentes.

​El trauma del exilio y el monstruo interior

​La génesis de la película es puramente biográfica. Żuławski concibió el guion tras el colapso de su matrimonio con la actriz Małgorzata Braunek y en mitad de una turbulenta relación con su Polonia natal, de donde fue exiliado en dos ocasiones. Por ello, el subtexto político de la película —la paranoia de la Guerra Fría y el muro berlinés como herida abierta— es tan crucial como la metáfora de la separación.

A tomar en cuenta: Las audiencias actuales tienden a ignorar el ángulo político en favor de una visión puramente estética de la obra, reduciéndola a un amour fou (amor loco) que se descalabra hacia lo monstruoso.

​Cuando el director le presentó la idea al mandamás de Paramount Studios, Charlie Bluhdorn, la definió llanamente como “una película sobre una mujer que se folla a un pulpo”. Lógicamente, el ejecutivo lo invitó a buscar financiación en otra parte. Al final, esa sinopsis es tan incompleta como decir que es un simple relato de posesión demoníaca. En realidad, la película es inasible porque funciona como un cuento de hadas para adultos distorsionado por la pesadilla autobiográfica.

​A pesar de su indudable elegancia formal, la cinta comparte ADN con provocaciones de la época como The Evil Dead o Holocausto Caníbal. Lejos de renegar de su espíritu de exploitation, Żuławski lo abrazó mediante una hipérbole expresiva deliberada. Esto asustó a los distribuidores estadounidenses de la época, quienes mutilaron casi 40 minutos de metraje y alteraron el orden de las escenas para intentar venderla como una película de monstruos convencional. El tiempo, afortunadamente, terminó poniendo a esta obra maestra en el altar que siempre mereció.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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