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mié. Nov 4th, 2026
Muere a los 93 años Tinto Brass, el maestro del erotismo trasgresor que desafió al cine convencional
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​El cineasta italiano, que transitó desde la vanguardia de los sesenta hasta convertirse en el provocador oficial del ‘softcore’ europeo, fallece en Roma dejando un legado de exceso, fetichismo y rebeldía antipuritana.

​El cine ha perdido a uno de los últimos supervivientes de una época en la que la pantalla no le temía ni al exceso ni al escándalo. El director italiano Tinto Brass ha fallecido este miércoles en Roma a los 93 años, según ha confirmado su familia. Desaparece así un realizador inclasificable: voyeurista, provocado, desenfadado y abiertamente erotómano. Giovanni Tinto Brass firmó una obra desigual —a veces genial, a veces autoparódica—, pero guiada siempre por una premisa irrenunciable: la negativa absoluta a dejar indiferente al espectador. En su legado quedan títulos indispensables del cine transgresor como Salón Kitty (1976), Calígula (1979), La llave secreta (1983) o Los burdeles de Paprika (1991).

​Nacido en Milán en 1932, Brass heredó su célebre apodo del sobrenombre artífice de su abuelo pintor, el Tintoretto. Tras licenciarse en Derecho, el joven Brass decidió cambiar los códigos legales por las bobinas de película. Se trasladó a París para trabajar en los archivos de la prestigiosa Cinemateca Francesa y dio sus primeros pasos en el oficio como ayudante de dirección de gigantes como Roberto Rossellini y Alberto Cavalcanti.

​Su debut en el largometraje llegó a los treinta años con Chi lavora è perduto (In capo al mondo), una descarada ópera prima que causó sensación en el Festival de Venecia de 1963. La cinta, que seguía el discurrir existencial de un diseñador en paro durante una jornada de dudas y recuerdos, mostraba ya la impronta de las vanguardias europeas que definieron su primera etapa creativa. Aquel éxito llamó la atención de Umberto Eco, quien apadrinó al joven realizador para encargarle los cortometrajes experimentales Tempo Libero y Tempo Lavorativo, donde Brass dio rienda suelta a sus juegos con el lenguaje visual.

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​Durante los años siguientes, Brass demostró una versatilidad arrolladora moviéndose como pez en el agua por los géneros de la época: firmó el wéstern El yankee (1966), se adentró en el giallo con Con el corazón en la garganta (1967) —junto a Jean-Louis Trintignant— y capturó la revolución psicodélica y sexual de los sesenta en The Howl (1970). Culminó esta fructífera fase estilística con Al margen de la sociedad (1970), coronada por el jurado de Venecia como la mejor película italiana del certamen, con un reparto de lujo encabezado por Franco Nero y Vanessa Redgrave en pleno auge de su etapa más arriesgada.

​El viraje al erotismo: del arte a la carne

​A mediados de los setenta, el italiano dio un viraje radical en su carrera para consagrarse casi en exclusiva al cine erótico, una decisión que defendió siempre con vehemencia teórica. “Existe un gran espacio en el mercado para el cine erótico, pero sigue habiendo presiones de gente que no entiende la diferencia entre este y la pornografía”, explicaba el cineasta a EL PAÍS en 1988. Para Brass, la frontera era cristalina: “En el pornográfico, el objeto que estimula es solo la erección; en el erótico, es una emoción”.

​De esa convicción nacieron obras como Salón Kitty (1976), una perturbadora y estilizada inmersión en la estética del Tercer Reich, y, sobre todo, su proyecto más célebre y tormentoso: Calígula (1979).

​La tormenta de ‘Calígula’

​La gestación de Calígula arranca en la primavera de 1976 en Roma. Desde la escena inicial —un Calígula (Malcolm McDowell) desbocado que despierta junto a su hermana Drusila (Teresa Ann Savoy)—, Brass retrató al tirano como un niño caprichoso, veleta, incestuoso y profundamente megalómano.

​Sin embargo, el rodaje derivó en uno de los episodios más turbulentos de la historia del cine comercial. El productor Bob Guccione, magnate de la revista Penthouse, remontó la película a espaldas del equipo para transformarla en lo que promocionó como “la cumbre del cine impúdico”. El resultado provocó un incendio mediático: Brass exigió retirar su firma, el guionista Gore Vidal renegó del libreto tras encarnizados enfrentamientos por las reescrituras del director, y el rutilante reparto —que incluía a Peter O’Toole, Helen Mirren y John Gielgud— desaprobó abiertamente el montaje final.

​Hubo que esperar hasta 2023, con el estreno en Cannes de la restauración Calígula: The Ultimate Cut —liderada por el historiador Thomas Negovan a partir de 97 horas de metraje original halladas en los archivos de Penthouse—, para recuperar el montaje original de Brass, restituyendo la coherencia política y la fuerza narrativa que habían quedado sepultadas bajo el escándalo explícito de 1979.

​A pesar del desastre de Calígula, Brass jamás renunció al cine erótico ni a su empeño por diseccionar el placer y el deseo humano en la pantalla. Aunque en sus últimos años sus películas acusaron cierta dejadez formal, continuó engrosando su filmografía con títulos emblemáticos como La llave secreta (1983) —su obra más redonda, retenida temporalmente por la justicia italiana en su estreno—, Miranda (1985), Los burdeles de Paprika (1991), El hombre que mira (1994) o Monella (1998).

​Se apaga así la cámara de Tinto Brass, el último esteta del voyeurismo cinematográfico, un autor que hizo de la provocación una bellas artes y que filmó el deseo sin pedir disculpas a nadie.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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