vie. Sep 11th, 2026
Justicia animal
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Hace más de 25 siglos en La República, Platón reflexionó sobre la justicia. Hoy el concepto, sigue desempeñando un papel clave en la moral, el derecho y la  política.

Uno de los problemas centrales de las teorías de la justicia es la desigualdad. Esta provoca daños en aquellos que son despreciados por carecer de características consideradas sustanciales para ser incluidos en el círculo moral y/o jurídico.

Es sabido que entre humanos la discriminación por sexo, color de piel, etnia, capacidad cognitiva o edad, en materia moral, resultan inaceptables por ser estos meros hechos bilógicos.

Lo relevante es nuestra capacidad de padecer dolor y sufrimiento. Lo injusto en el caso de la desigualdad entre humanos y no humanos es que se ha justificado arbitrariamente en otro hecho biológico: la especie.

Una vez que aceptamos que un animal es capaz de experimentar dolor y sufrimiento, entonces tenemos las bases para condenar cualquier práctica humana que de manera innecesaria y caprichosa cause daño.

 

Nuestra cultura es resultado de un pasado terrible, enfatizó Max Horkheimer, porque había sido adquirida a través del sufrimiento de otras incontables criaturas no humanas. Esta adquisición tiene todo el aspecto de ser un problema de justicia.

Se podría argüir que la justicia se debe sólo a aquellos que son capaces de dar justicia, y que a los animales solo les debemos actos de compasión.

Sin embargo, tenemos deberes de justicia hacia niños pequeños y altos deficientes mentales, cuando los incluimos en la protección moral y jurídica, aunque estos no tengan el sentido de justicia.

Si bien, los buenos sentimientos de compasión llevan a muchas personas a cuidar a los animales, esto no basta, pues la compasión se torna un ejercicio particular y privado.

Para que estos actos transiten a la justicia se necesita de la acción política y la denuncia en los espacios públicos.

La justicia que les debemos a los animales no humanos debe ser conforme a la ley moral, entendida como el fundamento de determinación de nuestras acciones para evitar dañar a los animales en nuestras relaciones cotidianas o accidentales.

Pero también, a la ley jurídica, que debe reconocer a los animales como sujetos capaces de derecho y coaccione las conductas humanas que caprichosamente se aferran en mantener vigente el pasado terrible de esta cultura edificada en el sufrimiento animal.


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Por Nely Lucano

Licenciada y Maestra en filosofía, doctora en humanidades por la UdeG, académica del CUCSH, directora del proyecto "Animales y Praxis" y Encargada de Enlace Académico de la ONG Igualdad Animal México.

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