vie. Feb 3rd, 2023

No hay que ser conocedor de la historia, ni especialista en ninguna materia relacionada con las palabras para saber cuán importante ha sido y sigue siendo la impresión de estos caracteres llamados letras en la vida del ser humano.

Muchos de los sentimientos más profundos han sido expresados en letras grabadas en barro, escritas en hojas de papel con tinta a través de los siglos; imaginemos aquellas notas que secretamente intercambiaban los amantes con la complicidad de personas involucradas voluntaria o involuntariamente; ¿cuántas cartas han sido enviadas recorriendo cada rincón del mundo con la esperanza de que lleguen a las manos de sus amados destinatarios? Los pensamientos más agudos han sido escritos en las páginas de libros impresos que han sobrevivido por siglos, después de verse amenazados en tiempos intolerantes; podríamos seguir contando la travesía de la palabra impresa para llegar al punto en donde converge este pequeño artículo acerca de la historia de una imprenta que además de funcionar como tal, la familia fundadora ha logrado una hazaña que, aunque parezca pequeña, no lo es por el significativo esfuerzo que implicó conservar un negocio familiar que hasta la fecha continua operando.

Una de las tantas hazañas logradas por don Manlio Herrera Moo, es haber conservado muchas de las máquinas tipográficas que nos cuentan de cuando las artes gráficas evidenciaban tiempos de auge para la imprenta.

Estas máquinas que forman un sistema tipográfico, van desde una prensa fabricada por la marca Washington, una timbradora, una prensa vertical, tipos de madera, entre otras máquinas que, aunque antiguas, conservadas en perfecto estado y completamente listas para ser usadas de nuevo, de ser necesario.

Es admirable, al entrar en este pequeño museo, sentirnos en un taller vivo donde el tiempo no se ha detenido; sentir el olor a fierro, a tinta, escuchar el sonido de la prensa, de la guillotina cortando trozos de papel no se podría entender a menos que vivas la experiencia personalmente.

Así es como el actual propietario, Gabriel Herrera, nos hace imaginar la imprenta de antaño, mientras nos conduce a lo largo del taller donde se entremezcla el olor a papel, tinta y cartón.

En la actualidad, como todo negocio, Gabriel nos cuenta que ante nuevos tiempos, se han visto obligados a adquirir equipo moderno, con la tecnología que les permita competir y seguir vigentes.

Con una visión optimista, nos cuenta que lejos de sentirse intimidado, los desafíos son una oportunidad para mejorar sus servicios y continuar con el aprendizaje que su profesión le requiere.  

Concluyo diciendo que, si vienes a Mérida, te des una vuelta por el Museo de la Imprenta Manlio Herrera Moo, ubicado en la calle 54 x 37 y 39 en el centro de esta ciudad, estoy segura que vivirás una grata experiencia, como todas las que vivirás Desde el Sureste.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *