sáb. Feb 4th, 2023

A manera de homenaje póstumo, Luis Vicente de Aguinaga leyó junto con Verónica Murguía poemas de David Huerta en el Salón de la Poesía

Las palabras pueden sacar lágrimas desde lo más profundo del ser. David Huerta fue de esos poetas cuya voz retumbaba en el corazón de las personas y por eso fue recordado con emoción en la lectura que, a manera de homenaje póstumo, tuvo lugar en el Salón de la Poesía con las voces de su esposa, Verónica Murguía, y el escritor Luis Vicente de Aguinaga, quienes reavivaron atisbos de la voz del escritor mexicano al calor del tequila en mano y con los sentimientos en la garganta.

“Canto del kiwi” es uno de los poemas más célebres del escritor mexicano y es también una suerte de retrato del poeta, un recorrido por lo que significa ser hombre, la fragilidad que atenúa y permite adentrarse en lo que significa el yo. La esposa del recién fallecido leyó este poema, y fue como si su voz en ese instante hilara a todos los presentes en un verdadero círculo escuchando poesía. Los versos evidenciaron el lado provocador y juguetón que en 2019 le valieran el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

Las lecturas de Luis Vicente Aguinaga fueron algo así como las de un robot descompuesto, en el sentido de que un robot no debería tener emociones, sin embargo, la forma en que el también mexicano recitó dejó absorto a todo el público presente. El poeta tapatío contó que entre ambos había una relación estrecha que iba más allá del compartirse textos o la vida literaria, sino que se trataba de una amistad en donde las experiencias prevalecieron y construían lazos fuertes. Entre las lecturas destacaron un poema autobiográfico de Huerta, en donde se dice que él palpita poesía.

De igual manera, no podía faltar “El amor de mi vida” leído en voz de a quien está dedicado el poema. La declamación casi en llanto de Murguía, al recordar el poema —en donde se le describe como “el amor de mi vida y la mejor escritora que conozco”— conmovió a la audiencia.

Después, ella afirmó que si bien no cree en la magia, el ocultismo, ni en nada que tenga que ver con las relaciones paranormales del más allá, el poema con el que cerraría la sesión fue traído por el gato que ambos tenían en casa. Explicó que ella ha notado que el gato ya se dio cuenta de que Huerta no está más en casa, que cada día que pasa el pobre se ve decaído. Sin embargo, compartió que cuando se encontraba haciendo la selección de poemas que serían leídos en el homenaje, se dio cuenta de que el gato llevaba en su hocico un poema escrito de puño y letra por David Huerta y con el que habría de concluir la sesión.

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Por Marisol Hernández

Reportera especializada en espectáculos y cultura. Laboró en Radio Fórmula Jalisco, El Occidental, La Jornada, y Grupo Radiorama.

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