lun. Mar 4th, 2024
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Asumir una desobediencia civil, sin duda, nos exigiría la liberación de millones de animales hoy presos en la industria ganadera

Las técnicas de planificación para explotar a los animales en las industrias ganaderas son muestra del establecimiento de una violencia estructural sin precedente en la historia de todas las antiguas civilizaciones no capitalistas.

Es una auténtica guerra que mantienen los dueños de estos corporativos contra los animales. Frente a esta, las limitadas normas jurídicas que regulan el comportamiento humano con respecto a otros animales resultan obsoletas sino es que injustas.

Hace más de un siglo algunos representantes de la desobediencia civil, entendida como el acto de desobediencia ante leyes o normas injustas, adoptaron una postura a favor de los animales motivados por principios de justicia.

Uno de ellos, Henry David Thoreau consideraba que debíamos asegurarnos de no prestarnos a hacer el daño que condenamos, pues de otra forma contribuimos a la injusticia.

La crueldad o maltrato animal es una práctica que de manera general se condena, pero este afecto es una expresión débil.

Para remediar este mal habrá que desobedecer las normas injustas que permiten cualquier forma de maltrato o crueldad animal, como las corridas de toros, peleas de gallos, calandrias jaladas por caballos, zoológicos, acuarios o la explotación de miles de animales en la industria ganadera.

Esta desobediencia implica no solo dejar de ser partícipe de estos actos de violencia, sino ejecutar acciones que las boicoteen hasta conseguir su abolición.

Aunque el consumo de los cuerpos de otros animales es lo menos condenable para la mayoría, a Thoreau no le cabía duda, independientemente de su propia experiencia: “que el renunciar a comer animales forma parte del destino del género humano” si verdaderamente estamos en contra de la injusticia.

Por su parte León Tolstoi quien recuperó y dio a conocer algunos aspectos de los escritos de Thoreau, calificó el consumo de “carne” como uno de los placeres crueles más normalizado.

La falta de necesidad, el enmudecimiento de la simpatía hacia estos animales o la aniquilación de la repugnancia que genera esta acción hacen del acto de comer animales la violencia estructural más aceptada.

Para dejar de participar en este acto de violencia, es necesario adoptar una postura política como lo hizo Mahatma Gandhi, otro representante de la desobediencia civil pacífica, cuando señaló que era un deber moral “el no vivir por la muerte de nuestros amigos los animales”.

Fue Henry Salt, el biógrafo de Thoreau, quien motivó a Gandhi a adoptar esta postura. A Salt le quedaba claro que si hablábamos de derechos de los animales, aquellos que se utilizan para consumo humano también debían ser incluidos.

De otra forma nos prestamos a hacer el daño que condenamos y exhibimos un poder que satisface una malicia, que se ha tratado de invisibilizar y normalizar.

La firmeza en el no consumo de los cuerpos de otros animales, la protesta teórica y práctica contra la industria ganadera o la exigencia de normas jurídicas a favor de estos, forman parte de una práctica política a favor de los animales.

Y asumir una desobediencia civil, sin duda, nos exigiría la liberación de millones de animales hoy presos en la industria ganadera.


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Por Nely Lucano

Licenciada y Maestra en filosofía, doctora en humanidades por la UdeG, académica del CUCSH, directora del proyecto "Animales y Praxis" y Encargada de Enlace Académico de la ONG Igualdad Animal México.

2 comentarios en «<strong>Esbozos para una desobediencia civil a favor de los animales</strong>»
  1. Gracias, Nely, por exponer estas realidades que pocos se atreven a cuestionar o siquiera voltear a ver, por lo incómodas que resultan. Con tantas opciones de alimentación, vestimenta y entretenimiento actuales que no requieren lastimar a otros animales, posicionarse en contra de la crueldad y el abuso es ahora más que nunca un imperativo moral.

  2. Apoyo totalmente esta propuesta de ley, para que millones de animales deje de sufrir, por nuestra voracidad. Alto a toda industria ganadera mercenaria y cruel.

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