vie. Jun 5th, 2026
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​El rock argentino se queda sin su feligresía más devota. Carlos Alberto Solari, el enigmático líder y compositor de Los Redonditos de Ricota, falleció este viernes por la madrugada a los 77 años en su mítica residencia de Parque Leloir, al oeste de Buenos Aires. El músico, que batallaba contra el mal de Parkinson desde hacía una década, partió en la intimidad de su hogar; según los primeros reportes policiales, la muerte se produjo por causas naturales derivadas de su cuadro clínico.

​Su deceso marca el fin de una era para la cultura popular de América Latina. Solari no solo fue un cantante; fue el arquitecto de un fenómeno sociológico sin precedentes en la música en español.

​Del “under” platense al fenómeno de masas

​Fundada a finales de la década de 1970 en la ciudad de La Plata, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota comenzó como un colectivo artístico irreverente en los sótanos de la contracultura bonaerense. Con el tiempo, aquella banda de rock clásico y letras cargadas de una poesía hermética y enigmática mutó en una religión laica.

​Al frente de los “Redondos”, el “Indio” grabó 10 álbumes de estudio que se convirtieron en la banda sonora de varias generaciones, hasta la definitiva e irreversible separación del grupo en 2001.

​A pesar de su histórica y férrea distancia con los medios de comunicación tradicionales, la banda logró lo impensable:

  • Autogestión absoluta: Rechazaron las lógicas de la industria discográfica y publicitaria.
  • Fidelidad a ciegas: Sus conciertos se difundían de boca en boca, creando el famoso “pogo más grande del mundo”.
  • Misticismo: La ausencia de entrevistas alimentó un halo de misterio que arrastraba a cientos de miles de fanáticos a cualquier punto del mapa argentino.

​Los años del “Mister” y el adiós en las pantallas

​Tras la disolución de su banda matriz, Solari continuó su legado con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, proyecto solista con el que editó cinco discos entre 2004 y 2018. Fue en 2016 cuando el propio músico le puso nombre a su dolencia ante su público, revelando que el Parkinson le venía pisando los talones.

“Mr. Parkinson me está pisando los talones, pero acá estoy”, confesó en aquel histórico concierto de Tandil.

​A medida que la enfermedad limitaba sus apariciones físicas, la tecnología se convirtió en su aliada. Su última aparición ocurrió a finales de 2025, cuando su inconfundible voz y su silueta proyectada en una pantalla gigante emocionaron a miles de fieles durante un concierto de los Fundamentalistas. Aquella interpretación virtual funciona hoy como el testamento definitivo de un hombre que, incluso retirado de los escenarios, nunca dejó de guiar a su “banda de hermanos”. Con su partida, el rock pierde a su mayor mito, pero la leyenda de los Redondos se vuelve, finalmente, inmortal.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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