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​El legendario actor neozelandés fallece a los 78 años. Deja tras de sí cinco décadas de una carrera prodigiosa, una batalla ganada al cáncer y el respeto unánime de una industria que ayudó a fundar.

​La pérdida fue, en palabras de su propia familia, “repentina e inesperada”. Este lunes, en Australia y rodeado de sus seres queridos, falleció Sam Neill a los 78 años. Se marchó, añade el comunicado oficial, “con la dignidad que caracterizó toda su vida”. Detrás de los focos queda el eco de una de las trayectorias más versátiles y queridas del cine contemporáneo, y una petición de privacidad por parte de los suyos ante una “pérdida inconmensurable”.

​Nacido en 1947 en Omagh, Irlanda del Norte, el pequeño Nigel John Dermot Neill —su verdadero nombre— emigró a Nueva Zelanda siendo niño. Hijo de una madre inglesa y un militar neozelandés del ejército británico, Neill no encontró su vocación de inmediato. De hecho, antes de pisar las tablas, sobrevivió a un año que él mismo describió como “desastroso” en la carrera de Derecho en Christchurch.

​La abogacía perdió un litigante, pero el séptimo arte ganó a un gigante. Sus primeros pasos en la Universidad de Canterbury y en el Downstage Theatre profesionalizaron una pasión que terminaría expandiéndose a lo largo de más de 150 producciones durante medio siglo.

​El año de la dualidad: 1993

​Si hubiera que sintetizar la genialidad y el rango actoral de Sam Neill en un solo año, ese sería 1993. En cuestión de meses, el mundo lo vio interpretar al pragmático doctor Alan Grant en Jurassic Park —el mastodóntico éxito de taquilla de Steven Spielberg que tres décadas después sigue aterrorizando y maravillando a nuevas generaciones— y, casi en paralelo, protagonizar El Piano, la obra maestra de Jane Campion ganadora de la Palma de Oro en Cannes.

​Pasar del héroe de acción familiar al turbio y devoto esposo que muta en una pesadilla en el último acto de un drama de época neozelandés demostró de qué estaba hecho. Neill era un camaleón. Capaz de encarnar al mismísimo anticristo (Damien en la tercera entrega de La Profecía a inicios de los 80), de sumergirse en la tensión militar de La caza del Octubre Rojo, o de encarnar al implacable y puritano Mayor Chester Campbell en la aclamada serie británica Peaky Blinders.

​El orgullo de dos naciones

​Su fallecimiento ha provocado una oleada de luto institucional en Oceanía. El primer ministro de Nueva Zelanda, Christopher Luxon, no escatimó en elogios para despedir a “uno de los grandes”.

​”Comenzó su carrera cuando apenas existía una industria cinematográfica en este país. Durante más de 50 años, llevó nuestras historias al mundo y contribuyó a que nuestra industria se convirtiera en lo que es hoy: una de nuestras mayores exportaciones culturales”, declaró Luxon.

​Por su parte, el mandatario australiano, Anthony Albanese, reivindicó el estatus de Neill como un “australiano honorario” debido a sus profundos lazos con el país. “Irónico y sarcástico, reflexivo y lacónico, Sam luchó contra la enfermedad con la misma dignidad, humor y convicción que dieron fuerza a sus interpretaciones”, escribió Albanese.

​El vacío que deja se siente también entre sus colegas de profesión. Desde la estrella del pop Kylie Minogue, con un escueto pero doloroso “Vale, Sam”, hasta el actor Richard E. Grant, quien confesó que Neill lo guió “en una etapa muy difícil” de su vida. Daisy Ridley, con quien compartió el set de la aún inédita The Last Resort, se unió a los homenajes compartiendo el dolor de una comunidad cinematográfica consternada.

​”Solo me interesa vivir”

​La resiliencia marcó sus últimos años. En marzo de 2023, Neill reveló que padecía un linfoma no Hodgkin angioinmunoblástico, un cáncer agresivo que lo obligó a alejarse temporalmente de los sets. Fiel a su espíritu inquieto, utilizó el confinamiento médico para escribir sus memorias, tituladas ¿Te he contado esto alguna vez?.

​”Lo último que quiero es que la gente se obsesione con el tema del cáncer”, aclaró en su momento a la BBC, “porque, en realidad, no me interesa el cáncer. Lo único que me interesa es vivir”.

​Ganó esa batalla. El pasado mes de abril, el propio actor celebró públicamente estar libre de la enfermedad tras someterse a una terapia experimental con células CAR-T. “Me acaban de hacer una tomografía y no hay cáncer en mi cuerpo, eso es algo extraordinario”, declaró entusiasmado al medio 7 News. Un estado de remisión que su familia confirmó que se mantuvo hasta su último suspiro.

​En una entrevista concedida a The Guardian en 2023, el actor reflexionó sobre la muerte con la serenidad de quien ha vivido plenamente entre los focos de Hollywood y la tranquilidad de su granja neozelandesa. “No le tengo miedo a la muerte, pero me molestaría. Me gustaría vivir una o dos décadas más. Hemos construido estas preciosas terrazas, tenemos olivos y cipreses, y quiero estar presente para verlos crecer. Y tengo a mis adorables nietos. ¿Pero morir? Me da completamente igual”.

​Los árboles seguirán creciendo en su granja, pero el cine hoy es un lugar un poco más gris. Se ha ido Sam Neill, el hombre que no le temía a la muerte, pero que amaba demasiado la vida.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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