jue. Jul 16th, 2026
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​Bajo la producción de Ari Aster y la dirección del irreverente Kristoffer Borgli, la película se presenta como una despiadada autopsia de las apariencias y la hipocresía social.

​El sello de la productora A24 es, a estas alturas, una garantía de riesgo. Si a esa ecuación le sumas a Ari Aster (Midsommar) en la producción, el magnetismo de dos de las estrellas más fotogénicas y arriesgadas de su generación —Zendaya y Robert Pattinson— y la mente satírica del director noruego Kristoffer Borgli (Dream Scenario), el resultado solo podía ser una bomba de relojería. Ese artefacto se llama El Drama, una película que se siente como una bocanada de aire fresco y que, al mismo tiempo, resulta tan despiadada que coquetea abiertamente con la crueldad.

​Al igual que sus compatriotas escandinavos Ruben Östlund (The Triangle of Sadness) o Thomas Vinterberg (Festen), Borgli es un cirujano de la incomodidad. Aquí utiliza el estrellato de sus protagonistas no como un adorno, sino como un caballo de Troya para adentrarse en los rincones más oscuros de la psique contemporánea.

​Un cuento de hadas dinamitado por la verdad

​La premisa de El Drama arranca donde suelen terminar las comedias románticas tradicionales. Charlie (Robert Pattinson) y Emma (Zendaya) parecen haber construido la relación perfecta, cimentada sobre un idilio de cafetería y un inminente matrimonio. Sin embargo, a solo unos días de la boda, la estabilidad se resquebraja debido a un juego aparentemente inofensivo entre amigos: confesar lo peor que han hecho en sus vidas antes de dar el “sí, quiero”.

​Lo que comienza como una dinámica pueril escala rápidamente hacia lo espeluznante. El guion de Borgli se teje a través de una red de minucias y omisiones cotidianas:

  • La mentira piadosa: Charlie confiesa que mintió sobre el libro que leía cuando conoció a Emma solo para acercarse a ella (un detalle que luego confiesa entre risas).
  • El secreto guardado: Emma, por el contrario, oculta el verdadero motivo de su pérdida de audición en uno de sus oídos, sembrando una sospecha silenciosa que intoxica la relación.

​A través de esta pequeña escala de secretos, la película pone a prueba el concepto mismo de sinceridad. Cuando una revelación del pasado sale a la luz pública, la trama dinamita cualquier rastro de romance para transformarse en un thriller psicológico asfixiante.

​”La película plantea una pregunta incómoda: ¿somos realmente la misma persona que a los quince años, o la sociedad nos condena a cargar eternamente con nuestros fantasmas adolescentes?”

​Entre el cinismo moral y la entrega actoral

​Es en la disección de la cultura del juicio rápido donde la película muerde con más fuerza. Al exponerse el secreto de uno de los protagonistas más allá del ámbito privado, la pareja queda sometida al implacable tribunal de la opinión pública norteamericana. ¿Hasta qué punto puede sobrevivir el amor al estrés del escrutinio social?

​Aunque por momentos el metraje corre el riesgo de convertirse en un tratado moralista un tanto cínico y recargado, son Zendaya y Pattinson quienes mantienen el barco a flote. Ambos actores se despojan de su halo de divos de Hollywood para dotar a Emma y Charlie de una tremenda vulnerabilidad y carnadura emocional, entregando algunas de las interpretaciones más descarnadas de sus carreras.

​¿Por qué verla?

El Drama es una propuesta subversiva y profundamente política en su dimensión íntima. No es una película cómoda, ni pretende serlo. Es un espejo distorsionado de nuestra era hipervigilante que exige ser vista sin revelaciones previas para poder experimentar, en carne propia, el peso de sus giros. Una cita obligada para quienes busquen un cine que no teme mancharse las manos.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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