La Roja se proclama campeona del mundo tras desarmar por completo a una Argentina que aguantó el asedio hasta el tiempo extra, en un partido que terminó con máxima tensión sobre el césped.
El fútbol premia a quien lo busca, y esta vez la gloria fue enteramente para España. En una exhibición de control, ritmo y pura superioridad táctica, la selección española se coronó campeona del mundo por segunda vez en su historia, tras neutralizar por completo a una Argentina que se vio superada de principio a fin.

Durante los primeros 90 minutos, La Roja dictó el guion del encuentro a su antojo. El monólogo futbolístico fue de tal magnitud que el conjunto albiceleste fue incapaz de generar peligro, marchándose al tiempo extra sin haber registrado un solo remate entre los tres palos. Argentina resistió el asedio como pudo, atrincherada en su propio campo y encomendándose al milagro de la prórroga.
Sin embargo, la justicia poética del balón llegó en el tiempo suplementario. Cuando las piernas flaqueaban, España encontró la fisura en el muro sudamericano para mandar el balón al fondo de la red. Un gol solitario, pero con el peso de la historia, que desató la euforia en la grada y sentenció el torneo.

Tensión en el epílogo
Lamentablemente, la brillantez del triunfo se vio empañada en los instantes posteriores al silbazo final. Frustrados por la impotencia del resultado y el desgaste físico, varios futbolistas argentinos reaccionaron de forma hostil, desatando una tangana que incluyó empujones y conatos de agresión frente al banquillo español.

Un cierre tenso para un campeonato inolvidable, donde el fútbol de posesión y la templanza de España volvieron a demostrar que, cuando La Roja juega a su mejor nivel, el mundo entero se rinde a sus pies. ¡Grande, España!
