La emancipación es la capacidad para guiar nuestras propias vidas, significa deshacernos de la tutela, la servidumbre o la sujeción que alguien tiene sobre nosotras.
Laureana Wright González de Kleinhans, nació el 4 de julio de 1846 en Taxco de Alarcón, Guerrero. Fue una destacada escritora y precursora del feminismo mexicano, pues toda su vida trabajó por conseguir la igualdad y emancipación para las mujeres. pic.twitter.com/fhTpX7jEqd
— INEHRM (@INEHRM) July 4, 2022
Mujeres y animales no humanos nos enfrentamos a un opresor común: la ideología patriarcal.
La sentencia antigua de Protágoras “El hombre es la medida de todas las cosas” se tornó a lo largo de la historia occidental un dogma, una verdad incuestionable.
Man is the measure of all things: of things which are, that they are, and of things which are not, that they are not.
ProtagoraSalvator Rosa
Démocrite et Protagoras pic.twitter.com/hreO6dadYp
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El término hombre del que habla Protágoras, no significa, como bien lo expresó Wagner Jaeger: “el sentimental amor humano hacia los otros miembros de la sociedad”.
Hombre o anthrōpos en el mundo clásico, se refería a las virtudes varoniles, disponibles solo en los hombres ciudadanos y libres. Ellos reflejaban lo mejor de la humanidad.
La razón, esto es la capacidad de reflexión sobre lo correcto, lo bueno o lo mejor era una disposición natural de estos hombres. Ellos decidían en la vida pública y elaboraban las normas sociales.
Todo debía ajustarse a la valoración emanada de los mejores: ellos. Mujeres y animales, bajo este modelo patriarcal, fuimos considerados inferiores por naturaleza.
El sexo y la especie nos diferenció de los varones, nos hizo inferiores en lo moral y lo jurídico; por eso había que tutelarnos, guiarnos, mantenernos en la servidumbre y en sujeción.
A partir del siglo XVII, se comenzó a hablar sobre la racionalidad de los sentimientos. Se argumentó que la razón moral y política emanaban de sentimientos como la compasión, solidaridad o fraternidad.
De esta forma, el concepto hombre o anthrōpos dejó de tener sentido y se comenzó a hablar de humanidad, esto es como “el sentimental amor humano hacia los otros miembros de la sociedad”.
Dentro de esta nueva concepción en el siglo XIX un grupo de mujeres llamadas “sufragistas” fueron más allá de lo humano y fusionaron su lucha por la emancipación con la de los animales.
Criticaron la vivisección y dejaron de comer los cuerpos de animales no humanos. El afán de dominio debía abandonarse para lograr la emancipación.
Esta es una comprensión que se abre a lo diferente porque también ha sido víctima de la ideología patriarcal. Ideología que busca la identidad y reprime lo diferente.
La lucha de las mujeres en aras de la emancipación combate y denuncia el mal, el sufrimiento innecesario y la muerte de millones de animales porque reconoce en estas experiencias una de las caras mas viles del patriarcado.
Parafraseando a Theodor Adorno, por el simple hecho de que se nos permite vivir, las mujeres estamos obligadas ha hacer algo que ponga límites al mismo mal que nos ha sujetado y oprimido, el mal ejercido sobre los animales no humanos.
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