Pensadores practicaban el vegetarianismo bajo el supuesto de la areté griega, la virtud o excelencia humana
La denuncia crítica sobre lo injusto que resulta suprimir y dar muerte a otros animales para satisfacer un placer culinario carentes de pudor, se hizo presente a lo largo de la historia occidental.
Desde tiempos antiguos filósofos como Pitágoras o Empédocles cuestionaron el consumo de los cuerpos de otros animales bajo la creencia de la reencarnación de las almas (metempsicosis).

Siglos después Teofrasto, Plutarco y Porfirio de Tiro, denunciaron el consumo y “sacrificio” de animales. Los dos últimos, desarrollaron una serie de argumentos sobre los fundamentos erróneos y las consecuencias dañinas que implica la normalización de matar a otro animal innecesaria y caprichosamente.
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Siglos más recientes, Voltaire y Rousseau, por citar solo a dos filósofos de la Ilustración, cuestionaron seriamente la matanza de animales para consumo humano.
Voltaire debatió la idea de que los animales son máquinas carentes de sensibilidad, pensamiento o memoria. Idea que se materializa sobre los animales cuando son concebidos como máquinas productoras de carne, leche o huevo.
Por su parte Rousseau argumentó que desde temprana edad se debía educar bajo principios de piedad, empatía y respeto de la vida de otros los animales para evitar la existencia de ciudadanos agresivos, iracundos o indiferentes ante las injusticias.

Un siglo después León Tolstoi visitó un rastro y denunció la inmoralidad social de aceptar como costumbre la matanza de animales, nombrándolo como un placer cruel.
Todos estos pensadores practicaban el vegetarianismo bajo el supuesto de la areté griega, la virtud o excelencia humana.
Es decir, sí existían ciertas características que distinguían a la humanidad de otras especies, estas debían estar emparentadas con lo justo, bueno o correcto.
Suponían que a través del uso de la razón era que se podía poner freno a las pasiones y deseos que ocasionaban sufrimiento o muerte innecesaria a estos animales, por cierto, seres amistosos e indefensos.
Pero la práctica del vegetarianismo no se redujo a la areté. Eminentes sufragistas vegetarianas como Susan Antony, Lucy Stone, Charlotte Pekins o Elizabeth Cady Staton asociaron de manera directa su lucha con la protección de los animales.

Esta práctica se torna una postura política, porque denuncia los postulados patriarcales y humanocéntricos, como son: la jerarquía, exclusión, explotación o apropiación de cuerpos.
No se busca la excelencia, sino eliminar la injusticia y malestar que provoca asumir, normalizar o ejercer estos postulados sobre cualquier animal, humano o no humano.
El sufrimiento necesita de cuerpos, no es un concepto abstracto, los animales utilizados para el consumo humano, experimentan dentro de las granjas industriales, lo que es el mal, el horror y la barbarie.
Este sufrimiento es insoportable para un pensamiento crítico, por ello, asume una postura política, denuncia y realiza prácticas a favor de los animales, una de ellas es, sin duda, la alimentación basada en plantas.
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