mié. Feb 8th, 2023

La polarización social y política que estamos construyendo y viviendo en México tiene un origen variopinto, a saber: la desigualdad social, la concentración de la riqueza y las oportunidades, las diversas visiones de país que se quiere construir, la pobreza en la que viven millones de personas, el uso patrimonialista de los recursos públicos por parte de los gobiernos de los tres niveles, y la doble vara que usan gobernantes y oposición para legitimar su ejercicio de gobierno y sus posturas contrarias a las administraciones que critican.

            En esta ocasión me quiero referir al último aspecto. No podemos negar que la polarización está anclada en todas las desigualdades políticas, económicas y sociales en nuestra sociedad, pero si además le agregamos el componente de las críticas a modo que realizan lo mismo la clase política como el resto de la sociedad, la división y el encono en la comunidad aumente irremediablemente.

            Estas acciones caracterizan las porras que lanza el presidente, Andrés Manuel López Obrador y Morena al gobierno de la 4T, y los abucheos que propinan al gobierno de Enrique Alfaro Ramírez en Jalisco y a la actuación de los legisladores emecistas en el Congreso de la Unión y el Congreso local de nuestro estado, lo mismo que sucede cuando Alfaro Ramírez y MC apoyan sus gestiones y critican las cuatroteras.

            Los discursos que salen de cada tribuna no solo son mutuamente excluyentes, sino contradictorios frente a las prácticas mismas de quienes los lanzan. Es decir, lo que critican de un lado, lo aplauden del otro. Y ese mensaje, lejos de abonar al fortalecimiento de nuestra democracia y el tejido social, termina por dinamitarlos.

            Los ejemplos desbordan por doquier. Mientras en el Congreso de la Unión los legisladores emecistas critican la reducción del presupuesto federal para la educación, en Jalisco la bancada naranja del congreso local apoya la reducción de recursos a la Universidad de Guadalajara. Del lado de Morena, vemos exactamente lo mismo, pero en sentido inverso. A nivel federal apoyan el presupuesto que envía la presidencia de la República y a nivel local critican la reducción de recursos a la U de G.

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            Mientras Movimiento Ciudadano critica la marcha organizada desde Palacio Nacional en apoyo a la 4T, en Guadalajara obedecen a pie juntillas los designios del inquilino de Casa Jalisco para organizar una marcha y tratar de boicotear el inicio de la Feria Internacional del Libro. Asimismo, desde Morena se critica que funcionarios y legisladores de MC marchen contra la FIL y el domingo pasado, secretarios de Estado, gobernadores y legisladores caminaron codo a codo con el inquilino de Palacio Nacional.

            Ambos bandos critican la concentración de poder que tienen el presidente y el gobernador, pero solo lo hacen con el adversario no con su jefe político. Es evidente el control que cada personaje ejerce sobre su partido político y los funcionarios y legisladores que los acompañan, sin embargo, las críticas que se escuchan son peligrosamente parciales. Es común ver la molestia de Morena y MC cuando los legisladores de esos partidos aprueban sin chistar lo que mandan el presidente o el gobernador, sin reconocer que esa práctica la ejercen ambos institutos políticos.

            Así las cosas, si queremos que la polarización política disminuya debemos exigirle a la clase gobernante que sean coherentes en sus prácticas y discursos, así como a los medios de comunicación y la comentocracia que muchas veces usa una vara diferente para medir situaciones iguales.

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Por Eduardo González Velázquez

Historiador y cronista. Profesor-Investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobiernos del Tecnológico de Monterrey. Premio Jalisco de Periodismo 2009 y 2007. Autor de los libros: Con Todo y Triques, Frontal vertical, Ciudadanos a la mitad.

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