mar. Jun 23rd, 2026
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Desde el triunfo de la revolución cubana en 1959 el gobierno de Estados Unidos puso en marcha una serie de acciones violatorias del derecho internacional y contrarias a la soberanía y autodeterminación de los pueblos para derrocar al gobierno de la isla.

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De Dwight D. Eisenhower, hasta Donald Trump los 13 presidentes norteamericanos se han empeñado en sepultar al gobierno de Cuba.

​Las pinzas las han ido cerrando a lo largo de décadas con invasión, ataques, cercos, bloqueos bajo la premisa de asfixiar a la población civil y potenciar con ello una revuelta para establecer un cambio de régimen en el país caribeño.

​La vergonzosa historia comenzó el 19 de octubre de 1960, cuando Dwight Eisenhower prohibió a los barcos de Estados Unidos participar en las exportaciones a Cuba. 

Para el 3 de febrero de 1962, John F. Kennedy firmó la orden ejecutiva presidencial 3447 que establecía el bloqueo económico, comercial y financiero de la isla amparado en la Ley de Asistencia Extranjera del 4 de septiembre de 1961.

Más adelante impidieron a la isla exportar e importar libremente productos y servicios hacia Estados Unidos; emplear el dólar estadunidense en operaciones internacionales; tener acceso a créditos de bancos de ese país, de sus filiales y de organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo.

Entre 1992 y 1997, en pleno periodo especial cubano a consecuencia de la caída del bloque socialista y la disminución de apoyos recibidos desde la URSS, le dieron una vuelta más a la tuerca con la leyes Torricelliy Helms-Burton para impedir el comercio de Cuba con subsidiarias de firmas estadunidenses en terceros países; prohibir a empresas de cualquier nacionalidad exportar a Estados Unidos productos de origen cubano o que tengan algún componente de esa procedencia, o bien, vender bienes o servicios a la isla con más de 10 por ciento de componentes estadunidenses, además de cerrar la entrada durante seis meses a buques que hayan atracado en la nación caribeña o transporten mercancías por cuenta de La Habana.

​A todo ese cerco económico, comercial y financiero se ha sobrepuesto el pueblo y el gobierno cubano por más de seis décadas.

​Ahora, Donald Trump comienza a acariciar el sueño de derrocar al gobierno revolucionario de la isla y hasta afirma que el secretario de Estado, Marco Rubio sería un excelente presidente.

Para ello, ha incrementado las presiones político y militares hacia el gobierno cubano de Miguel Díaz Canel, y esta misma semana firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles adicionales a todo producto proveniente de “cualquier país que directa o indirectamente venda o de alguna otra manera proporcione petróleo a Cuba”.

Asimismo, estableció que será a juicio de los secretarios de Comercio, Howard Lutnick, y de Estado, Marco Rubio, determinar si algún país entrega, por cualquier vía, petróleo a La Habana.

La orden ejecutiva se firma en el contexto de la mayor urgencia energética de Cuba por la invasión estadunidense a Venezuela y la suspensión del envío de petróleo de la nación de Bolivar a la isla. 

Así como en la inventiva discursiva trumpiana de que el gobierno cubano se significa como un peligro para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos por tener relaciones con “países hostiles” y albergar “la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero”, “desarrollar una profunda cooperación en inteligencia y defensa” con China y “proporcionar refugio a grupos terroristas trasnacionales, como Hezbollah y Hamas”. 

Además, señala la orden, el gobierno cubano “continúa difundiendo sus ideas, políticas y prácticas comunistas por todo el hemisferio occidental, lo que amenaza la política exterior de Estados Unidos”.

Si una nación atenta contra la seguridad global es la Unión Americana y su desquiciado presidente. 

Bajo este contexto, al tiempo que el presidente, Miguel Díaz-Canel Bermúdez denunció las medidas estadunidenses, el gobierno de China manifestó su total respaldo a la revolución cubana.

Se impone desde las Naciones Unidos y otros organismos regionales latinoamericanos cerrar filas en apoyo a la población y gobierno cubano con el fin de evitar una crisis energética, médica y alimentaria a consecuencia del violento bloqueo establecido por Donald Trump, y con ello comenzar a ponerle un freno a las desbocadas ansias de rapiña puestas en marcha por el agente naranja.


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Por Eduardo González Velázquez

Historiador y cronista. Profesor-Investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobiernos del Tecnológico de Monterrey. Premio Jalisco de Periodismo 2009 y 2007. Autor de los libros: Con Todo y Triques, Frontal vertical, Ciudadanos a la mitad.

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