vie. Jun 26th, 2026
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A los 60 años, cuando muchos piensan en el retiro, el guionista decidió jubilar a sus prejuicios. Así fue como un rechazo ideológico terminó convirtiéndose en Kostas Jaritos, el detective más querido del Mediterráneo.

​Petros Markaris no eligió ser novelista; fue asaltado por un policía. A mediados de los años 90, mientras escribía guiones para una serie de televisión de gran audiencia, el tedio comenzó a ganarle la partida. En medio de esa crisis creativa, un hombre apareció en su mente sin pedir permiso. “Él vino a mí”, confiesa el autor con la sencillez de quien relata un fenómeno sobrenatural.

​Sin embargo, el encuentro no fue un flechazo. Markaris sintió un rechazo instintivo: aquel intruso mental era comisario. En una Grecia donde las cicatrices de la Dictadura de los Coroneles seguían supurando en la memoria colectiva, la figura del policía era sinónimo de represión, no de justicia. ¿Cómo podía un intelectual de izquierdas escribir sobre un “policía bueno” sin traicionar su propia historia?

​El truco del espejo

​La solución no llegó a través de la ideología, sino de la nostalgia. Para reconciliarse con su creación, Markaris tomó una decisión radical: “Le quité el uniforme y lo vestí con el traje que solía usar mi padre”.

​Al despojarlo de la autoridad institucional, apareció el hombre. Jaritos dejó de ser un brazo del Estado para transformarse en un trabajador de clase media baja, un tipo corriente lidiando con la burocracia y el tráfico de Atenas. Solo entonces, Markaris pudo mirarlo a los ojos sin prejuicios.

​Una familia de papel y hueso

​Una vez aceptado el invitado, el autor le abrió las puertas de su propia casa. El universo de Jaritos es, en realidad, un álbum familiar camuflado:

  • El hogar: La casa del comisario es el calco de la vivienda de la niñez del autor.
  • El matriarcado: Adrianí, la esposa de Jaritos (y su particular némesis doméstica), bebe directamente del carácter de la madre de Markaris.
  • El legado: Su hija Katherina es el reflejo de la hija del escritor.

​Incluso las manías más célebres del comisario son préstamos personales. La curiosa pasión de Jaritos por leer diccionarios en sus ratos libres no es más que un guiño a la carrera de Markaris como traductor. Su visión crítica de la sociedad, su escepticismo ante el sistema y, sobre todo, ese humor ácido que define sus novelas, son la voz del autor filtrada por una placa policial.

​Hoy, lo que empezó como un intento de escapar del aburrimiento es una de las sagas más sólidas de la novela negra europea. Markaris no solo creó a un detective; logró que toda una nación hiciera las paces con un uniforme a través de la humanidad de un hombre que solo quería llegar a casa a cenar.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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