La consigna “2 de octubre no se olvida” no es solo un lema; es una cicatriz en el tejido social de México. A más de medio siglo de la matanza en Tlatelolco, las narrativas cinematográficas suelen oscilar entre el documental histórico y el drama solemne. Sin embargo, Pierre Saint-Martin Castellanos decide romper el molde con su ópera prima, No nos moverán (2024), una cinta que explora la impunidad y el trauma a través del lente del humor negro y el cine noir.

Una herida que supura venganza
La película nos presenta a Socorro (interpretada magistralmente por Luisa Huertas), una abogada de modales hoscos y aliento a mezcal que habita un departamento en Tlatelolco. El lugar no es casual: es el mismo sitio donde, décadas atrás, su hermano Jorge fue arrebatado por la represión estatal.

La vida de Socorro es un testamento a la culpa y al resentimiento, sentimientos que comparte con su hijo (Pedro Hernández), quien carga incluso con el nombre del tío desaparecido. La trama se dispara cuando una pista inesperada pone a la protagonista tras el rastro del militar responsable de la tragedia. A partir de ahí, la búsqueda de justicia se desdibuja para dar paso a una obsesión que ignora leyes, ética y lazos familiares.
”El 2 de octubre marcó un hito en la historia de México. ¿Cómo olvidar al Ejército entrando en las escuelas con bayonetas caladas y tanquetas?”, reflexiona Luisa Huertas, quien a los 17 años vivió de cerca la represión en la Escuela Nacional de Arte Teatral.
El blanco y negro de la moralidad

El mayor acierto de Saint-Martin es la atmósfera. Apoyado en una fotografía en blanco y negro a cargo de César Gutiérrez Miranda, el filme se sumerge en una “decadencia estética” que espejea el mundo interno de sus personajes:
- Socorro: Un personaje deliberadamente desagradable pero profundamente humano.
- Siddharta (José Alberto Patiño): El protegido de Socorro, un exconvicto que se convierte en su brazo ejecutor mediante sobornos y espionaje.
- El mentor (Juan Carlos Colombo): Un abogado moribundo, atado a un tanque de oxígeno en un despacho saturado de expedientes y polvo, que representa la parálisis del sistema judicial.
¿Justicia o retribución?

No nos moverán no busca el sensacionalismo. Aunque utiliza imágenes de archivo, se apoya en el surrealismo y simbolismos animales para retratar el dolor crónico. La cinta desafía al espectador a trazar la línea entre la justicia legítima y la venganza pura. En un país experto en moldear las leyes al antojo del poder, Socorro decide que la única sentencia válida es el “ojo por ojo”.
