vie. Jun 26th, 2026
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​Neil Sedaka, el prodigio de Brooklyn cuya voz de soprano juvenil y ganchos melódicos infalibles definieron la era de la inocencia del rock and roll antes de orquestar uno de los regresos más improbables de la década de los 70, falleció este viernes a los 86 años.

​”Nuestra familia está devastada”, compartió su círculo íntimo en un comunicado que destaca no solo al ídolo, sino al hombre: “Una verdadera leyenda, una inspiración para millones, pero sobre todo, un ser humano increíble al que echaremos de menos”.

​Del Brill Building al estrellato mundial

​Nacido en el seno de una familia de origen judío y formado en los rigores de la Juilliard School, Sedaka personificó la transición del conservatorio a las listas de éxitos. Junto a su socio creativo y vecino de la infancia, Howard Greenfield, se convirtió en una pieza angular del legendario Brill Building, la fábrica de hits que moldeó el sonido de la posguerra.

​Sus composiciones capturaron el pulso del deseo adolescente con himnos como “Happy Birthday Sweet Sixteen” y “Calendar Girl”. Quizás ninguna canción personifique mejor esa época que “Oh! Carol”, su oda melancólica a una novia del instituto que también alcanzaría el estrellato: Carole King.

​El renacimiento: “Sedaka ha vuelto”

​Tras la llegada de la “Invasión Británica” que amenazó con relegar su estilo al baúl de la nostalgia, Sedaka demostró una resiliencia inusual en la industria. Tras años de sequía creativa en Estados Unidos, resurgió con una sofisticación renovada en los años 70, entregando joyas como “Laughter in the Rain” y la incisiva “Bad Blood”.

​Su influencia se extendió a través de otros intérpretes; desde impulsar la carrera de Connie Francis con “Stupid Cupid”, hasta ver cómo The Captain & Tennille llevaban su “Love Will Keep Us Together” a lo más alto de las listas en 1975. En aquel éxito, la frase final de Toni Tennille, “Sedaka’s back!”, no fue solo un guiño, sino el reconocimiento oficial de su regreso al panteón del pop.

​Una leyenda en activo

​Sedaka nunca permitió que la edad silenciara su instrumento. Hasta bien cumplidos los 80 años, seguía recorriendo escenarios, defendiendo su registro vocal con una disciplina que asombraba a sus contemporáneos.

​”Pasados los 70, Pavarotti me dijo que las cuerdas vocales ya no son lo que eran. Tengo mucha suerte de que mi voz se haya mantenido”, confesó a The Associated Press en 2012. “Está bien ser una leyenda, pero es mejor ser una leyenda en activo”.

​Desde Elvis Presley y Frank Sinatra hasta bandas contemporáneas como Nickelback, el catálogo de Sedaka ha sido revisitado por generaciones, confirmando que sus melodías, aparentemente sencillas pero técnicamente impecables, poseen una cualidad atemporal. Hoy, el mundo del espectáculo despide al hijo de un taxista de Brooklyn que aprendió a convertir los suspiros juveniles en oro musical.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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