mar. Jun 23rd, 2026
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​Este miércoles 4 de marzo, el cine mexicano despide a una de sus figuras más audaces y emblemáticas. Ana Luisa Peluffo, la actriz queretana que desafió las convenciones morales de su tiempo con una mezcla inigualable de talento, elegancia y valentía, falleció dejando tras de sí un legado de más de seis décadas en las pantallas.

​Nacida el 9 de octubre de 1929, Ana Luisa de Jesús Quintana Paz Peluffo no solo fue un rostro bello en la época dorada de nuestra cinematografía; fue una pionera que entendió el cuerpo como una extensión del arte, aun cuando la sociedad de los años 50 no estaba lista para procesarlo.

​El desnudo que escandalizó a una nación

​Aunque su debut ocurrió en Hollywood con un papel secundario en Tarzan and the Mermaids (1948), su nombre quedó grabado en la historia nacional en 1955. Bajo la dirección de Miguel M. Delgado en la cinta “La fuerza del deseo”, Peluffo protagonizó el primer desnudo integral en el cine mexicano.

​Mucho antes de que el “cine de ficheras” normalizara la desnudez en las décadas posteriores, Ana Luisa rompió el molde interpretando a Silvia, una joven ambiciosa que busca superarse como modelo. En aquel filme, compartió créditos con figuras como Armando Calvo, Rosario Granados y Abel Salazar, pero fue su silueta la que acaparó los titulares y provocó el escándalo —y la fascinación— de un México conservador.

​Una trayectoria de contrastes y claroscuros

​Su carrera no se limitó a la controversia. Peluffo demostró su rango actoral al trabajar junto a leyendas como Sara García y Elsa Aguirre. Su filmografía es un recorrido por la diversidad de géneros:

  • Drama y Suspenso: La Diana cazadora y El hombre que logró ser invisible.
  • Comedia y Época: Las señoritas Vivanco y Dos fantasmas y una muchacha.
  • Cine Popular: Su participación en el fenómeno de culto Pedro Navaja.

​El eterno pendiente de la Academia

​Pese a su prolífica carrera (activa de 1948 a 2014) y su impacto cultural, su partida no estuvo exenta de críticas hacia las instituciones cinematográficas. El cineasta Julián Hernández lamentó en redes sociales la falta de reconocimiento institucional, señalando que la AMACC se negó sistemáticamente a otorgarle el Ariel de Oro:

“Lo merecía más que muchos y muchas, pero qué se puede esperar de una academia que de lo que menos sabe es de cine mexicano”, sentenció el director.

​Ana Luisa Peluffo se retira de los escenarios físicos, pero permanece en el celuloide como la mujer que no tuvo miedo a ser vista, la actriz que transitó con naturalidad entre el teatro, la televisión y la gran pantalla, y la artista que, por derecho propio, ya es eterna.

Descanse en paz, la inolvidable “Diana Cazadora” del cine nacional.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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