mar. Jun 23rd, 2026
Alza a refrescos y cigarros rinde frutos en 2026, oposición asegura que es una medida recaudatoria disfrazada de "impuestos saludables"
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El alza a refrescos y cigarros ya rindió frutos en México. El impacto fiscal que han tenido los aumentos recientes al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), conocidos como “impuestos saludables”, aplicados a bebidas azucaradas (refrescos y similares) y productos de tabaco (cigarros) ha sido positivo.

En septiembre de 2025, como parte del Paquete Económico 2026, el gobierno propuso y aprobó incrementos significativos:

– Para refrescos y bebidas azucaradas: la cuota específica del IEPS pasó de 1.64 pesos por litro en 2025 a 3.08 pesos por litro** en 2026 (un aumento de alrededor del 87%). También se introdujo un nuevo gravamen de 1.5 pesos por litro a bebidas con edulcorantes no calóricos.

– Para cigarros: la tasa subió de 160% a 200%, con un esquema de aumentos graduales en la cuota específica hasta 2030 por ejemplo, de alrededor de 0.64-0.85 pesos por cigarro en etapas previas hacia 1.15 pesos o más. Estos cambios entraron en vigor el 1 de enero de 2026, lo que ha encarecido los productos hasta 20% en algunos casos, con cajetillas de cigarros subiendo varios pesos y refrescos en presentaciones comunes costando 1-8 pesos más.

¿Ya “rindió frutos”?

Sí, en términos de recaudación fiscal, los resultados son evidentes y rápidos.

Datos oficiales de la Secretaría de Hacienda (SHCP) muestran que, en enero de 2026, la recaudación total del IEPS (excluyendo gasolina y diésel) alcanzó niveles récord, alrededor de 46,171 millones de pesos, con un aumento de casi 19-20% respecto al año anterior.

El grueso del incremento vino del tabaco, casi 10,000 millones extras en enero y bebidas saborizadas aumento del 10% en recaudación por refrescos y similares.

Esto contribuyó a que los ingresos tributarios de enero 2026 fueran los mejores para un mes de enero en una década con un aumento real anual de 11.5%, impulsando el total a cerca de 599,000 millones de pesos.

El gobierno, incluyendo la presidente Claudia Sheinbaum, presentó estas medidas como “no recaudatoria”, sino enfocadas en salud pública.

Según ella desincentivo el consumo de productos nocivos que producen obesidad, diabetes, cáncer, enfermedades respiratorias etc. y destinó lo recaudado (estimado en 41,000 millones extras para todo 2026) al presupuesto de salud.

Sin embargo, los datos iniciales destacan más el beneficio fiscal que una reducción inmediata en el consumo.

Efectos en consumo y salud

Aún es pronto para ver impactos claros en salud pública. Experiencias previas como el IEPS a bebidas azucaradas en 2014 muestran reducciones en compras, un 6-10% en los primeros años, más en hogares de bajos ingresos.

Pero algunos reportes indican que el consumo no ha caído aun drásticamente; en cambio, hay quejas de comerciantes como ventas en tienditas y restaurantes bajando hasta 40%, riesgo para 600,000 negocios y empleos.

En el caso del tabaco ha sido más resistente históricamente a aumentos de precio en México, aunque incrementos sostenidos sí reducen prevalencia a largo plazo.

Críticas señalan que podría empujar a marcas más baratas o alternativas, sin cambiar hábitos de fondo.

Las críticas al respecto

Las principales críticas sobre el destino de la recaudación del IEPS a refrescos y cigarros en México durante 2026 se centran en la falta de transparencia, la ausencia de un fondo específico y la percepción de que es más una medida ‘recaudatoria’ que, de salud pública, a pesar de las promesas oficiales.

Las críticas han crecido por lo siguiente:

 – No hay fondo específico ni etiquetado. La subsecretaria de Egresos de Hacienda, Bertha Gómez Castro, confirmó ante la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados que no se creará un fondo separado para estos recursos.

Explicó que la “instrucción presidencial” es destinarlos al sector salud, pero se manejarán dentro del Presupuesto de Egresos 2026 general, sin mecanismo especial de concentración o seguimiento exclusivo. Los ingresos por IEPS están “identificados”, pero se integran al gasto total de salud sin segregación visible.

Falta de transparencia y rendición de cuentas.

Medios y analistas señalan que no se ve reflejado en mejoras concretas en salud como más hospitales, medicamentos o campañas preventivas específicas.

Experiencias previas con el IEPS a bebidas azucaradas desde 2014 y tabaco muestran que los recursos extras rara vez se han usado exclusivamente para salud; a menudo se diluyen en el presupuesto general o incluso se reintegran a la Tesorería.

Críticos argumentan que esto repite el patrón: se promete salud, pero termina siendo una “gallina de los huevos de oro” para cubrir déficits fiscales.

Opositores (PAN, PRI, MC) en el Congreso lo han calificado como “impuestos disfrazados de salud”, argumentando que afectan más al bolsillo de la gente especialmente bajos ingresos y tienditas sin garantía de que el dinero regrese en beneficios sanitarios tangibles. Critican que no se cree un fondo etiquetado para salud, como se prometió inicialmente:

“Los ‘impuestos saludables’ han servido más para cubrir déficits que para prevención o atención sanitaria”.

Han usado términos como “saqueo”, “engaño” y “terrorismo fiscal” para describirlo. Aunque Morena y aliados aprobaron todo con mayoría, estas críticas persisten en medios, redes y debates públicos, especialmente ahora que la recaudación récord en enero 2026 refuerza su narrativa de que el fin era fiscal, no sanitario.


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