En entrevista, el productor cañero de la Región Valles Víctor Ramírez denuncia una crisis de rentabilidad, abandono de las dirigencias y el impacto devastador del contrabando de azúcar.
TALA, JALISCO.– La industria cañera en la región de Tala atraviesa uno de sus momentos más críticos. Entre el alza desmedida de insumos y una representación gremial que los productores califican como “ausente”, el futuro del sector pende de un hilo. Víctor Manuel Ramírez Padilla, referente de los productores en la Región Valles, analiza la realidad de las parcelas y lanza un llamado a la acción profesional para evitar el colapso del relevo generacional.
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1. La crisis de rentabilidad: “Costos por elevador, utilidades por las escaleras”
Para Ramírez Padilla, la mayor preocupación del productor hoy es la incertidumbre financiera. Mientras los precios de fertilizantes, combustibles y mano de obra se han disparado, la rentabilidad del campo se ha estancado.
“El cañero siente que trabaja para apenas salir tablas. Existe una desconexión peligrosa: el precio del azúcar sube en el supermercado, pero ese beneficio no gotea hacia el productor. Si no se defiende el precio frente a factores externos, el cañero es el primer eslabón que se rompe”, afirma.
Esta falta de ganancias ha provocado que los jóvenes abandonen el campo, dejando los ejidos desiertos por la falta de incentivos y una gestión real que proteja el patrimonio familiar.
2. Contrabando: El enemigo silencioso del productor nacional
Uno de los puntos más álgidos de la entrevista fue la denuncia sobre la entrada de azúcar de Centro y Sudamérica, muchas veces bajo esquemas de dudosa legalidad.
- Competencia desleal: El azúcar importada satura el mercado, desplomando el precio de la caña local.
- Falta de control: Mientras al productor de Jalisco se le exigen rigurosas normas fitosanitarias y fiscales, el azúcar de contrabando y los edulcorantes artificiales fluyen con libertad.
- Impacto directo: “Cada kilo de azúcar ilegal es dinero que se le arrebata a la educación de los hijos de nuestros productores y al mantenimiento de las parcelas”, sentencia Ramírez.
3. Una dirigencia “de oficina” vs. una dirigencia “de campo”
Ramírez Padilla es tajante al evaluar a la actual cúpula de la CNC: existe un sentimiento generalizado de abandono. Critica que la representación se ejerza desde “escritorios climatizados” y no en el surco.
“El productor siente que solo se acuerdan de él para cobrar cuotas o en elecciones. La dirigencia debe oler a campo, debe ensuciarse las botas. Hoy esa conexión está rota; es una atención de ventanilla que no resuelve los problemas del Seguro Social o el retraso en el corte”.
4. La propuesta: Transparencia y profesionalización
Ante este panorama, Víctor Ramírez propone un cambio de timón basado en la administración de puertas abiertas y resultados tangibles en el bolsillo del ejidatario:
- Auditorías y Transparencia: Diagnóstico real de las finanzas y rendición de cuentas cada tres meses.
- Reducción de Costos: Gestión de compras consolidadas de fertilizantes y herbicidas directamente con fabricantes para bajar precios desde el primer día.
- Defensa del KARBE: Vigilancia estrecha del rendimiento en el ingenio para asegurar liquidaciones justas.
- Presencia Territorial: Que el liderazgo regrese a Tala para que los problemas se resuelvan en la parcela, no por teléfono.
“Es ahora o nunca”
Con más de 12 años sin una representación que consideran real, los cañeros de la región ven en este proceso una oportunidad definitiva.
“No vengo a buscar poder, vengo a devolvérselo a los productores. Después de años de silencio, el cañero debe volver a mandar. Está en juego si la Unión sigue siendo un club privado o vuelve a ser el escudo de todos”, concluyó Ramírez Padilla.
