mar. Jun 23rd, 2026
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Espacio de expresión y de irreverencia

La grosería más grande que se le puede decir a un cubano es “Resiste”. No podemos pedirles algo que ellos saben desde siempre, desde antes de nacer. Las mujeres embarazadas luchan por sobrevivir para que su hijo nazca en condiciones medianamente dignas, y lo alimentan con pensamientos de supervivencia constante, mientras ellas mismas buscan de dónde sacar la fortaleza para continuar en esta odisea que significa esperar que sus hijos puedan tener una vida decorosa una vez que arriban a esta existencia y comienza su autonomía.

Desde hace casi 70 años, las generaciones cubanas vienen con la genética de la resistencia. No es una tarea grata ni envidiable: es una opción que deben elegir. Es eso, o dejar de existir. Los hermanos cubanos han aprendido a abrazar el hambre; es mejor hermanarse con ella que estar en su contra. También conocen muy bien la ruta de las estrellas, puesto que es raro que durante toda la noche haya suministro eléctrico.El concepto de resignación, malamente, fue a vivir a Cuba. No es sorpresa ver los refrigeradores apagados y vacíos, las viviendas que van oscureciendo al margen de la luz del día.

Los cubanos son seres que aprendieron a conocer la naturaleza, a soportar el calor extremo, a caminar y contemplar paisajes hermosos de vegetación, pero sin ese sentimiento de arrobo. Da igual: se ha instalado en sus huesos la necesidad de buscar alimento, de seguir existiendo, de no dejar que sus hijos fenezcan.Aprendieron a aquilatar la verdad y a conocer el peso de las mentiras. Saben burlarse de lo absurdo, porque forma parte de sus experiencias rutinarias: que les digan “Todo va a cambiar”, “Aquí impera la democracia”, “Somos autosuficientes”, “Pueblo de Cuba, resistan hermanos, resistan”.

Y es que Cuba es una nación secuestrada, tratando de extender una utopía que hace mucho murió. Pretenden dejar en claro ante el mundo que el socialismo es el mejor sistema de gobierno. Un sistema que en la teoría no parece descabellado, pero que en la práctica muestra su cara oculta y ahorca a los infortunados habitantes de la isla. Un sistema que conviene a los cotos de poder, que sueñan con una isla perfecta, con ciudadanos que aceptan con gusto el hambre, las caminatas, las largas horas sin electricidad.

Ciudadanos acallados cuando intentan protestar en el más legítimo de los derechos humanos. Ciudadanos amordazados por una dictadura que abraza un sueño de décadas atrás y perpetúa un pasado obsoleto.Cuba es una cápsula del tiempo que vive, que reclama, que se llora, que no desea seguir suspendida entre la tierra y el infierno, solo porque un grupúsculo persigue un ideal caduco.Esta mexicana que hoy escribe se duele de saber lo que acontece, de los miles de personas que han perdido el ideal, que han vuelto tangible el tiempo y no saben dónde depositarlo, porque duele cargarlo, duele respirar cada minuto.

Pienso en las personas de la tercera edad, que vivieron en una Cuba fortalecida, una Cuba triunfante, y ahora ven cómo ese pasado se convirtió en una amarga espera, en la ilusión de que todo va a cambiar.Hoy los cubanos aprendieron a reírse cuando su fallido dictador les dice: “Pueblo cubano, resistan, resistan, resistan”.

El consuelo es que esto no tardará en explotar por sí mismo.Así que, hermanos cubanos: No resistan, no resistan, no resistan. Que sus voces no sean acalladas nunca más.


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