mar. Jun 23rd, 2026
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Entre el humor negro y la crítica social feroz, el director de Hereditary abandona el terror sobrenatural para diseccionar las fracturas de una sociedad al borde del colapso.

Eddington no busca la complacencia. Con una estructura que abraza el exceso y la irregularidad, la cinta se erige como un retrato mordaz de las contradicciones contemporáneas. Ari Aster se aleja aquí de sus raíces en el horror más puro para sumergirse en una sátira dramática que hibrida géneros, desafiando al espectador a habitar la incomodidad de lo que alguna vez llamamos “la nueva normalidad”.

​Un microcosmos bajo presión

​La trama nos sitúa en un enclave ficticio de Nuevo México durante el convulso mayo de 2020. Lo que comienza como una crónica del confinamiento se transforma en un polvorín social cuando el sheriff Joe Cross (Joaquin Phoenix) tiene un gesto de humanidad hacia un ciudadano que rechaza el uso de mascarilla. Este incidente, aparentemente menor, detona una escalada de hostilidades con el alcalde Ted García (Pedro Pascal), cuya gestión autoritaria fractura a la comunidad.

​A través de protestas, teorías de conspiración y una desconfianza sistémica, el pueblo de Eddington deja de ser una localización geográfica para convertirse en un espejo de la polarización política global.

​Excelencia técnica bajo el sello A24

​Respaldada por A24, Square Peg y 828 Productions, la película reafirma el compromiso de estos estudios con un cine de autor arriesgado. La propuesta visual es impecable: la cinematografía de Darius Khondji envuelve el metraje en una atmósfera opresiva, logrando capturar simultáneamente el claustrofóbico encierro pandémico y la vastedad árida de un western moderno.

​En el apartado sonoro, la partitura de Bobby Krlic y Daniel Pemberton actúa como un personaje más. Su música, por momentos solemne y en otros profundamente inquietante, subraya la tensión de un guion que no busca claridad, sino replicar el ruido ensordecedor de la sobreinformación y la ansiedad colectiva.

​Radiografía del malestar

​Más allá de su superficie política, Eddington funciona como una autopsia del 2020. Aster utiliza la crisis sanitaria no como un decorado, sino como el catalizador de un malestar latente: el miedo al otro, la erosión de las instituciones y la fatiga emocional.

​La cinta dialoga directamente con hitos de la realidad, desde las protestas por justicia social hasta el auge del negacionismo. En este microcosmos, la violencia no es solo física; es una fractura simbólica que rompe familias y amistades bajo el peso de la sospecha.

​Al final, Eddington nos devuelve una imagen incómoda pero necesaria: la de una sociedad que, ante la incertidumbre, optó por quemar los puentes antes que cruzarlos juntos. Una obra densa y fiel a un tiempo en el que, literalmente, todo parecía arder a la vez.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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