En estos tiempos de barbarie, es común que se ataque desvergonzadamente al sentido común. El término de sensus communis refiere a la facultad de pensar, comprender, sentir (Pimentel, 2009, p. 711), sin embargo -como producto del devenir histórico- en esta realidad atroz, el sentido común se confunde con la necedad, lo burdo o rudimentario, porque, como pensaba Voltaire “la razón, una vez comenzada, se detiene en sus progresos por ciertos prejuicios, que este humano que juzga muy sanamente en este asunto, se equivocará siempre burdamente en otro” (2010, p. 286).
Contenido relacionado:
Infierno en la tierra: ganadería y narcotráfico. Parte II
Un ejemplo: conceptos como asesinar, explotar o violentar suponen actos viculados a la maldad, estos resultan inaceptables cuando se ejercitan en nuestros seres queridos.
El sensus communis, bien entendido, supondría rechazar toda práctica que implique asesinato, explotación o violencia hacia cualquier sujeto capaz de experimentar estos estados desagradables. Sin embargo, es aquí donde la razón – de la mayoría de los humanos- se detiene y burdamente se guía por el prejucio del humanocentrismo y la lógica del capital.
De hecho, dos actividades económicas (legales o ilegales) se benefician de esta necedad: la ganadería y el crimen organizado. Me explico. El asesinato, explotación y violencia -hacia humanos y no humanos- se torna una mera “matanza administrativa” para ambas actividades.
Al guiarse por la lógica del capitalismo- acumulación de valor- se crean las condiciones para cometer diversos agarvios y delitos (tráfico de narcóticos, de personas y animales, lavado de dinero, matanza, explotación, despojo, violencia).
En otras palabras, se crea una organización burocrática de producción, donde el “acto de obediencia” a órdenes superiores (emitidas por instuciones estatales, líderes de cárteles, corporaciones, tradiciones, o el mero gusto culinario) casi impide, al sujeto, saber o intuir que realiza actos de maldad (Arendt, 2019, p. 403).
La gandería y el narcotráfico se han posicionado socialmente ejercitando terror hacia humanos y no humanos para crear monopolios poderosos a nivel nacional e internacional. Ambos condicionan climas hostiles e inseguros, caracterizados por diversos actos violentos (secuestros, homicidios, despojos, violaciones).
Desde el sensus communis, bien entendido, las coincidencias entre la gandería “legal” y la narcoganadería consisten en el ejercicio de diversos agravios o injusticias hacia animales no humanos. Estos agravios no se consideran “delitos” simple, burda y arbitrariamente porque no están prohibidos por el orden jurídico.
El secuestro (del latín sequestrare: separar, alejar), por cierto legal, de becerros provoca anciedad, estrés, miedo tanto en la madre como en la cría. El terror continuo durante el traslado, provoca pavor en estos animales al sentirse solos, dentro de vehículos ruidosos y con movimientos bruscos. Aislados en “corrales y perreras” individuales, desarrollan estereotipias autoagresivas (Pilarczyk, et al, 2025).
En este proceso lo que importa es la acumulación de riqueza o supuestos beneficios como el placer culinario. Solo a la hora de la venta, de estos inocentes animales, se genera la distinción entre lo legal e ilegal.
Mientras que en la industria ganadera la “carne de ternera” es legal, en la narcoganadería “la venta a menudo se realiza de manera informal y en efectivo lo que posibilita el proceso del lavado de dinero” (Dittmar, Asmann, 2022, p.41). Para acumular más riqueza, el narcotráfico introduce drogas “ilegales” en los estómagos de las vacas para pasar fronteras entre México y Guatemala (Dittmar, Asmann, 2022, p. 51).
También, vacas y toros son sometidos “por veterinarios sin escrúpulos a intervenciones quirúrgicas para introducir paquetes de droga en sus estómagos y rectos para camuflar enervantes para cruzarla a Estados Unidos desde Centroamérica” (Camarillo, 2025).
Aunque la distorsión de la realidad y la irreflexión humana han permitido – a lo largo de la historia- normalizar el daño hacia incontables animales dentro de la industría ganadera, en el capitalismo este asesinato se torna más infernal.
No es la legalidad o ilegalidad del ejercicio de su asesinato, explotación o violencia la que determina lo aberrante, burdo e injusto de la práctica, sino el miedo, estrés, terror y muerte violenta que sufren innecesariamente vacas y becerros. Voy cerrando.
En analogía a lo que pensó Hannah Arendt – en su análisis al juicio Eichmann- lo más grave es que este ejercicio barbárico y horrorífico lo llevan a cabo humanos “terrorificamente normales” que suponen que cuando casi todos participan y se benefician de estas prácticas, entonces nadie es culpable (Arendt, 2019, p. 401-402).
Nada más alejado de la realidad cuando se ejercita el sensus communis que se resiste a contribuir al infierno creado por la ganadería legal y la narcoganadería bajo la lógica del capital. Para un sentido común como el que he descrito aquí, los implicados en ambas actividades son culpables de este infierno animal.
Bibliografía:
ARENDT HANNAH, (2019) Eichmann en Jerusalen, Un estudio sobre la banalidad del mal, mexico: Penguin
Random House.
CAMARILLO MARIO, (2025), Narco-ganado, donas con cocaína, catapultas… crimen innova trasiego. La crónica de hoy. Consutado en: https://www.efinf.com/clipviewer/files/4a406f3d657c2b7198c342856485f791.pdf
DITTMAR VICTORIA, ASMANN PARKER, (2022), Contrabando de ganado en Centroamérica y México: Destrucción ambiental, crimen organizado y violencia, InSightCrime: Análisis e investigación del crimen organizado. Consultado en:
PILARCZYK, ET AL, (2025)The welfare or cattle in different Housing systems, Animals 15,no.13. https://www.mdpi.com/2076-2615/15/13/1972
PIMENTEL JULIO, (2009) Diccionario Latín-Español, Español-Latín, México: Porrúa.
VOLTARIRE, (2010) Cartas filosóficas, Diccionario filosófico, Memorias, España: Gredos.
