lun. Jul 27th, 2026
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​Hace unos años, una historia se le quedó grabada a Alauda Ruiz de Azúa en el subconsciente: una joven decidía entregar su vida a la fe. A la cineasta, agnóstica declarada, la premisa le pareció tan ajena como radical. Esa fascinación germinó hasta convertirse en Los domingos, su más reciente largometraje. En él conocemos a Ainara, una adolescente de 17 años de la que su familia espera el anuncio de una carrera universitaria convencional. La sorpresa —y el estupor— es mayúscula cuando revela su verdadera vocación: ingresar en un convento de clausura.

​Sin complacencias ni trincheras

Los domingos no busca reconfortar a nadie: ni al espectador creyente ni al agnóstico. La propuesta de Ruiz de Azúa radica justamente en habitar esa incómoda zona gris, exponiendo las fragilidades y contradicciones de sus personajes con sutileza, diálogos precisos y un bien medido sentido del humor.

​La película intenta la compleja proeza de dar voz a ambos mundos, aunque las balanzas nunca sean del todo equitativas. Al final, quien más habla es quien más se expone: la tía de la joven, un personaje que no solo carece de fe en Dios, sino que ve cómo se desmorona simultáneamente la fe en su propia familia y el amor por su pareja.

​Un arranque contrastado

​El filme arranca en la penumbra. Con la pantalla aún en negro, retumba a todo volumen un tema de Quevedo. Cuando la luz finalmente aparece, lo hace de forma tenue, revelando apenas un crucifijo en la pared iluminado por el sigilo de unas adolescentes en una fiesta de pijamas. Entre ellas está Ainara, atravesando en silencio las turbulencias de su edad. Esa confusión interna termina de cristalizar en una conversación crucial con su tía, filmada por Ruiz de Azúa a través de un ágil juego de plano y contraplano.

​Ese recurso visual alcanza su punto culminante en la escena donde la familia se reúne con la superiora del convento:

​El enfrentamiento dialéctico y visual se articula exclusivamente entre la tía y la religiosa, mientras el padre opta por la inacción absoluta.

​Aunque el diálogo y el contraplano son las herramientas centrales con las que la directora flirtea con la comedia antes de precipitarse hacia el desgarro emocional, por momentos la puesta en escena roza una factura más cercana al lenguaje televisivo que al puramente cinematográfico.

​¿Cómo habla Dios?

​Más allá del conflicto doméstico, la cuestión de fondo que atraviesa la película es tan antigua como inasible: ¿cómo se manifiesta la fe? O, como se pregunta uno de los personajes en pantalla, ¿de qué manera se comunica Dios con la persona elegida para transformar una certeza íntima en un terremoto a su alrededor? La película está a la renta desde $60.00 pesos mexicanos en diferentes plataformas.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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