A más de medio siglo de su muerte, la figura del hombre que frenó a Hitler sigue siendo un enigma de luces, sombras y anécdotas asombrosas. ¿Quién era realmente el político que convirtió un insulto en el símbolo de la victoria?
Se ha escrito, filmado y debatido prácticamente todo sobre Winston Churchill. Su peso histórico es indiscutible: fue el arquitecto de la resistencia británica en la Segunda Guerra Mundial y el líder que, con una retórica belicista inquebrantable, logró contener el avance nazi en una Europa que parecía sentenciada.

Tras recibir el mando de manos de Neville Chamberlain y el rey Jorge VI, Churchill orquestó hitos que rozaron el milagro, como la evacuación de Dunkerque en 1940. Sin embargo, detrás del estadista de los discursos épicos y el puro eterno, se esconde un personaje polifacético cuya personalidad sigue llenando páginas hoy en día.
1. El hombre del siglo
La relevancia de Churchill se mide en su impacto cultural. Años antes de su fallecimiento, la prestigiosa revista americana Life ya se había asegurado la exclusividad de sus memorias de guerra. Tras su muerte en 1965, la publicación no dudó en coronarlo como “El hombre del siglo”, ilustrando su portada con una imagen que hoy es parte del imaginario colectivo.
2. De prisionero fugado a cronista de guerra
Antes de los despachos de Downing Street, Churchill buscó la gloria en el frente. Como joven oficial y corresponsal, recorrió Cuba, India y Sudán. Pero fue en 1899, durante la Guerra de los Bóers en Sudáfrica, cuando protagonizó una huida de película: cayó en una emboscada y fue recluido en Pretoria. Churchill logró escapar y, tras un peligroso periplo hasta Mozambique, llegó al puerto de Durban convertido en un héroe nacional.
3. El coleccionista de ministerios
Su carrera política fue una maratón de seis décadas. Tras un inicio turbulento, en 1900 obtuvo su primer escaño en el Parlamento. Para cuando se retiró en 1955, ostentaba un récord imbatible: fue el británico con más cargos oficiales en la historia, incluyendo Primer Lord del Almirantazgo, Ministro del Interior, de Municiones, de Guerra, de Hacienda y, por supuesto, Primer Ministro en dos ocasiones.

4. Un icono de pantalla
La silueta de Churchill ha superado el centenar de apariciones en el cine y la televisión. Desde la oscarizada interpretación de Gary Oldman en El instante más oscuro (2017) hasta su retrato en la serie The Crown o su curiosa aparición en Malditos Bastardos (2009) de Tarantino, su carisma sigue siendo un imán para los guionistas de Hollywood.
5. ¿Victoria o insulto? El origen de la “V”
Churchill era un maestro de la imagen pública, pero incluso él cometió errores de bulto. Al inicio de la guerra, popularizó el signo de la “V de Victoria”. Sin embargo, durante un tiempo lo hizo con la palma hacia dentro. En Inglaterra, ese gesto es el equivalente a una peineta o un “que te den”. No fue hasta que sus asesores le advirtieron del error que giró la mano, convirtiendo un insulto involuntario en el símbolo universal de la resistencia.

6. Nobel de Literatura: El arte como refugio
Menos conocida es su faceta como artista y académico. Churchill encontraba paz en la pintura, dejando una vasta obra de paisajes y bodegones. No obstante, su verdadero legado artístico fue la palabra. En 1953, recibió el Premio Nobel de Literatura, no solo por sus crónicas históricas, sino por una oratoria brillante que, según la Academia Sueca, “defendió con exaltación los valores humanos”.
7. Un símbolo diplomático
La relación entre el Reino Unido y EE. UU. ha estado sellada por su figura. En 2001, tras los atentados del 11-S, Tony Blair regaló a George W. Bush un busto de Churchill como símbolo de la solidaridad transatlántica. Era un recordatorio de la vieja alianza entre Churchill y Roosevelt, inmortalizada en estatuas como la de Aliados en Londres.

8. El último adiós de un gigante
Churchill falleció el 24 de enero de 1965. Su funeral fue un evento de una solemnidad casi inédita: un sepelio con honores de Estado que solo se había concedido previamente a figuras de la talla del Almirante Nelson o William Gladstone. Más de 300.000 personas desfilaron ante su féretro, despidiendo al hombre que, con sus luces y sus sombras, definió el destino del siglo XX.
