mar. Jun 23rd, 2026
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​La soledad en el Japón contemporáneo no es solo un estado de ánimo, es una industria. Bajo esta premisa desembarca en Disney+ Familia en renta (Rental Family), el nuevo largometraje de la realizadora Hikari. Tras demostrar su pulso narrativo en 37 segundos (2019) y en episodios de series de alto perfil como Tokyo Vice y Beef, la directora se sumerge en la compleja psicología de los servicios de “parientes por encargo”.

​En un archipiélago donde operan cerca de 300 agencias dedicadas al alquiler de vínculos afectivos, hombres y mujeres contratan actores para interpretar roles que van desde padres ausentes hasta acompañantes en funerales. Lo que podría leerse como el síntoma de una sociedad fracturada por la incomunicación, Hikari lo traduce como un bálsamo agridulce; una tregua necesaria frente al vacío existencial.

​El ‘Gaijin’ que aprendió a mentir

​Si bien Werner Herzog ya había explorado este fenómeno en la hipnótica Family Romance, LLC (2019), Hikari propone una perspectiva distinta a través de Phillip Vandarpleog, interpretado por un sólido Brendan Fraser. Phillip es el antihéroe perfecto: un actor estadounidense que llegó a Tokio hace siete años para un comercial de pasta dental y terminó varado en la periferia del éxito. A pesar de dominar el idioma, sigue siendo un gaijin (extranjero) habitando una casa minúscula y coleccionando fracasos en rodajes de baja estofa.

​La trama se detona cuando Phillip es reclutado por Shinji Tada (Takehiro Hira, de la serie Shôgun) para unirse a las filas de Rental Family. Sin embargo, su labor cobra una dimensión ética peligrosa cuando Hitomi (Shino Shinozaki) lo contrata para suplantar al padre de su hija de 11 años, Mia. Lo que inicia como un trámite para que la niña sea admitida en un colegio de élite, se transforma en un vínculo profundo cuando la pequeña se convence de que Phillip es, en efecto, el padre que ha vuelto a casa.

​Entre la farsa y el sentimiento

​En sus pasajes más logrados, la película disecciona con agudeza los dilemas morales de una profesión donde las conexiones humanas son, por definición, una simulación. La cinta brilla cuando explora esa zona gris donde la ficción roza la perversidad y la farsa se confunde con la necesidad genuina de afecto.

​No obstante, hacia su tramo final, la dirección de Hikari cede ante ciertos recursos convencionales. El guion se inclina por un sentimentalismo previsible que diluye la audacia autoral que prometía en su inicio. Aunque por momentos sacrifica la provocación en favor de lugares comunes, Familia en renta logra sostenerse gracias a su fórmula emocional. El resultado es un producto de fácil digestión, ideal para una tarde de streaming, que nos recuerda que, a veces, las mentiras mejor actuadas son las que más necesitamos creer.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

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