Sin un centavo en el bolsillo pero con una determinación inquebrantable, una joven de 23 años logró lo impensable: cruzar el umbral del New York World de Joseph Pulitzer para proponer un pacto con el diablo. La misión consistía en infiltrarse en las sombras del Asilo para Mujeres Dementes en Blackwell’s Island (hoy Roosevelt Island), un lugar donde los rumores de negligencia y sadismo eran tan densos como la niebla del East River.

El arte de perder el juicio
Para entrar en el infierno, primero tuvo que ensayar su propio descenso a la locura. Bajo el alias de “Nellie Moreno”, Bly se alojó en la pensión Hogares Temporales para Mujeres, donde pasó una noche en vela, con la mirada perdida y lanzando acusaciones delirantes contra las demás huéspedes.
”Hay tanta gente loca por ahí que nunca se sabe qué pueden hacer”, sentenció ante la encargada, sellando su destino.
Su actuación fue impecable. Tras aterrorizar a las internas, la policía la condujo ante un tribunal donde jueces y médicos —incapaces de ver tras su máscara— dictaminaron su demencia. Tras una breve escala en el Hospital Bellevue, Nellie fue embarcada hacia Blackwell’s Island. El engaño había funcionado; la pesadilla apenas comenzaba.

Diez días en el abismo
Una vez tras los muros del manicomio, Bly abandonó el disfraz y recuperó su lucidez, pero el sistema ya no estaba dispuesto a escucharla. Durante diez días, experimentó en carne propia un régimen de hostilidad y frío extremo. Se enfrentó a baños de agua helada, comida podrida y el maltrato sistemático de enfermeras que castigaban con especial saña a las pacientes pobres e inmigrantes que apenas balbuceaban el inglés.
A pesar de sus constantes peticiones de alta y de mostrar una cordura evidente, los médicos ignoraron sus súplicas. No fue hasta que un abogado del World intervino que las puertas de la institución se abrieron para devolverla a la libertad.
El nacimiento de una leyenda
El 9 de octubre de 1887, el reportaje estalló en las páginas del diario. Bajo el título “Diez días en un manicomio”, el relato de Bly no solo causó una sensación mediática sin precedentes, sino que obligó al Estado a implementar reformas drásticas y aumentar el presupuesto para el cuidado de la salud mental.

Con su audacia, Nellie Bly no solo visibilizó a las mujeres marginadas que la sociedad prefería olvidar, sino que inauguró una nueva era: la del periodismo de infiltración (o stunt journalism). Su ascenso no se detuvo ahí; en 1893, consagrada ya como la reportera más famosa de América, volvió a sacudir al país al conseguir una entrevista exclusiva con la presunta asesina en serie Lizzie Halliday, demostrando que su pluma era tan afilada como su valentía.
