El 26 de julio de 2023, la voz de Sinéad O’Connor se apagó a los 56 años. Sin embargo, en la memoria colectiva quedó grabado a fuego un instante preciso: la noche en que dinamitó su carrera para encender un debate que el mundo tardaría décadas en asimilar.

Ocurrió el 3 de octubre de 1992. La cantante irlandesa era la invitada musical en el legendario programa Saturday Night Live, en un episodio conducido por el actor Tim Robbins. Sola ante el micrófono, O’Connor interpretó a cappella una desgarradora versión de “War”, el clásico de Bob Marley. Pero no era una simple versión: alteró la letra para cambiar la palabra “racismo” por “abuso de menores”, transformando el tema en una protesta frontal contra los abusos sexuales cometidos por sacerdotes dentro de la Iglesia católica.

El clímax llegó en segundos. Mientras entonaba la palabra evil (“maldad”), sostuvo ante la cámara una fotografía del papa Juan Pablo II. Con gesto firme, rompió el retrato en pedazos, lanzó los fragmentos hacia la lente y sentenció con voz gélida:
“Lucha contra el verdadero enemigo” (Fight the real enemy).
La respuesta fue inmediata. Las líneas telefónicas de la cadena NBC colapsaron ante miles de llamadas de espectadores indignados. En cuestión de días, la industria de la música y los medios de comunicación le dieron la espalda. La artista fue objeto de abucheos multitudinarios en sus siguientes presentaciones, sus discos fueron destruidos masivamente en actos públicos y decenas de estaciones de radio vetaron su música para siempre.
La secuela de un escándalo de culto
La censura del programa fue férrea. Durante años, la NBC se negó a reemitir el fragmento original en las repeticiones del episodio, sustituyéndolo por la toma del ensayo en la que Sinéad mostraba la foto de un niño en situación de extrema pobreza. No fue hasta el lanzamiento de la colección en DVD Saturday Night Live: 25 Years of Music que el metraje original volvió a salir a la luz, presentado por el propio creador del show, Lorne Michaels.

La ola de rechazo no tardó en instalarse en la cultura pop. Apenas una semana después del incidente, el actor Joe Pesci abrió el siguiente programa mostrando la misma fotografía del Papa restaurada con cinta adhesiva, entre aplausos del público. Durante su monólogo, el actor llegó a decir que, si el incidente hubiese ocurrido en su presencia, le habría dado “una buena bofetada”.
Incluso figuras como Madonna se sumaron a la marea mediática: en 1993, durante su propia aparición en SNL, parodió el gesto rompiendo una foto de Joey Buttafuoco —personaje envuelto en un escándalo sensacionalista de la época— mientras repetía la misma frase de la irlandesa.
Entre la contradicción y la convicción
Con el paso de los años, la relación de O’Connor con aquel acto navegó entre la reflexión y la rebeldía inflexible. En septiembre de 1997, durante una entrevista con el semanario italiano Vita, la cantante tuvo un acercamiento conciliador: pidió perdón al Pontífice y calificó romper la foto como “un acto ridículo, el gesto de una chica rebelde”. Agregó que actuó por estar “en rebelión contra la fe, aunque la fe siga conmigo”, rematando con una cita de San Agustín: “La ira es el primer paso hacia el coraje”.

Sin embargo, a medida que la crisis de los abusos en la Iglesia católica comenzó a salir a la luz pública a escala masiva, su perspectiva sobre el verdadero impacto de su protesta se reafirmó. En 2002, cuando la revista Salon le preguntó si se arrepentía o cambiaría algo de aquella fatídica noche en Saturday Night Live, Sinéad no dudó ni un segundo:
“¡Por supuesto que no!”.

