mié. Feb 8th, 2023

La definición de refrán de acuerdo a las semejantes experiencias vividas y su uso en un grupo social.

Nuevamente nos encontramos en la lectura de este modesto artículo que aún tiene mucho qué decir acerca del refrán. La semana pasada el refrán como estructura lingüística, revela el tipo de pensamiento de un pueblo y sus convenciones.

Esta semana conoceremos el refrán por medio de las experiencias de los hablantes y el uso que le da un grupo social.

Comencemos por comentar lo que Cervantes dice en el Quijote. Dice de los refranes: “Los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios; y el refrán que no viene a propósito antes es disparate que sentencia” (Quijote II: 67).

J. Casares lo define muy similar a la acepción anterior, en su “Diccionario”; en este menciona que es un: “dicho sentencioso de uso común”.

F. Rodríguez Marín dice lo siguiente: “es un dicho dito (retraire) popular (a referendo), sentencioso (maschal) y breve (palabra, verbo), de verdad comprobada (proverbium, probatum verbum), generalmente simbólico (parauta, parábola) y expuesto en forma poética (viesso), que contiene una regla de conducta (adagio, ad agendum apta) u otra cualquier enseñanza”. (1926: XVIII-XIX).

Por otro lado, Díaz Padilla puntualiza que los refranes son “comodines de que dispone la lengua, susceptibles de ser empleados en las más diversas situaciones y de los que se desprende siempre un a enseñanza para el interlocutor; pueden ser utilizados para esta función cuando su adecuación a las circunstancias en que aparecen es la apropiada a su significado. Mediante ellos el hablante resume lo dicho, justificándolo con una cita que le confiere autoridad debido a su vigencia en el pueblo” (1985: 133).

“Los refranes son sentencias que el pueblo sacó de la experiencia” y es que al hablar de estos, se debe hacer hincapié en que si hay algo en lo que concuerda la mayoría de los paremiólogos, es que el refrán nace en un medio donde ha sido aceptado por la mayoría de los integrantes de una comunidad, que comparten la experiencia de sus afanes y por lo tanto se convierte en una estructura convencional, por tal motivo De Jaime Gómez y De Jaime Lorén, continúan su estudio diciendo que: “el pensamiento del pueblo se manifiesta en estas breves estrofas; que manifiestan las particularidades del pensamiento de sus habitantes, que sólo aceptan como bueno y verdadero lo que es quintaesenciado por la criba de muchas generaciones, incorporándose entonces al acervo común de la poesía paremial: “A tal refrán, tal pueblo”, o “Hasta que no repita el pueblo los refranes, estos no son tales”.

Como ven, estamos ante lo que se denomina a veces refranes de las viejas, cuyas modestas advertencias constituyen la famosa sabiduría popular –lo que los humanistas españoles llamaban la filosofía vulgar, por oposición a la gran filosofía de los pensadores y filósofos de la Antigüedad clásica.

“Los refranes están arraigados en un sentido amplio en la cultura popular y se transmiten por vía oral.” Así lo he observado en lugares rurales que no tienen acceso a la escritura, en los centros urbanos, en los medios masivos de comunicación está generalizado, los locutores de radio o los conductores de programas televisivos los emplean constantemente.

En su estudio Fraseología y conciencia social en América Latina, Alberto Zuluaga calificó el trabajo de Kimberly J. Lau, de la Universidad de Pennsylvania, sobre los diez enunciados fraseológicos  (“proverbs”) “más usados entre 1975 y 1995 en los periódicos –diarios semanarios- y en las noticias de radio y televisión de los Estados Unidos de Norteamérica” como “sugestivo”; él menciona que “del punto de partida de dicho estudio es la conocida aseveración de que los refranes dicen algo acerca de “la visión del mundo” y del “carácter nacional” de la comunidad que los emplea”:

The very proverbs wich people choose to use with the greatest frecuency imply certain understanding about the cultura in which they are found (Lau, 1996).

“Sabemos que el refrán importa una profunda raíz tradicional…así como la sabiduría secular del pueblo”.

Los pensamientos y experiencias individuales adquieren un carácter histórico y social al ser trasmitidos por el lenguaje, por ello participan de una memoria social colectiva y tradicional, que aflora en el habla. Los refranes como hecho de habla, se dan siempre en la interacción verbal y es así que se propagan por aquéllos que tienen la capacidad de comprenderlos y aplicarlos posibilitando su trasmisión de generación en generación.

En este caso las paremias constituyen uno de los más claros exponentes de la herencia lingüística de una determinada comunidad. La herencia extracelular que representa todo lenguaje tiene en las estructuras paremiológicas uno de sus aspectos más singulares y enriquecedores. Así, al pasar a formar parte del conjunto del sistema y herencia lingüísticos de una determinada comunidad, dichas estructuras pasan a ser usadas y entendidas de manera convencional, compartida, social y comunitaria.

 Una de las leyes de los hechos folclóricos generalmente aceptada dice que un texto cualquiera sólo se convierte en refrán cuando empieza a formar parte del habla popular… y es asumido por una comunidad de hablantes.

La vida de los refranes depende de su vigencia y de la función social que cumpla, ya que en ocasiones alteran su sentido paremiológico y se adaptan a las nuevas circunstancias al igual que una palabra, en la medida son codificaciones verbales de una experiencia, y no tienen una única posibilidad de interpretación, la cual está en correlación con los intereses individuales. Como texto oral, los refranes, son complejos, no absolutos, sino interactivo.

Los refranes tienen una vida paremiológica histórica: son refranes sólo mientras una comunidad les reconozca la capacidad discursiva de ser verdades del hablar. Cuando pierden esa función pierden su carácter de refranes. El refrán es un hecho de lengua. Como se sabe y lo hemos comentado en otras partes, una de las características más sobresaliente de este tipo textual es que no respeta frontera ni, en sentido estricto, tiene patria: “va, viene, arraiga, se adapta en donde quiera que es adoptado y, cuando ya no es útil, simplemente desaparece o emigra en busca de alguien que se interese en él”.

Hasta aquí gradezco tu compañía y recuerda que te espero la próxima semana.

Adriana Ralón.

Fuentes.

  • Hernando Cuadrado.
  • José, De Jaime Gómez y José Ma. De Jaime Lorén, 1995. “Autocrítica paremiológica. Los refranes españoles enjuiciados por el refranero”, Paremia 4.
  •   Herón, Pérez Martínez,
  •   Ma. Teresa, Pérez Botello, “El refrán como texto oral y escrito”, Estudios sociales, nueva época.
  •   Alberto, Zuluaga, 2001. “Fraseología y conciencia social en América Latina”, Euskera –XLVI.
  •   Pablo, Acevedo, 2006, “Dificultades para una definición de la paremia… Dicenda. Cuadernos de filología hispánica 24.
  •   Eulalio, Fernández Sánchez, 1999. “El refranero desde una perspectiva cognitiva: Convencionalización de las estructuras paremiológicas”. Paremia, 8.

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