lun. Jun 15th, 2026
Comparte si te ha gustado

A más de un siglo de su ejecución, el primer asesino en serie de Chile habita una frontera difusa: para la criminología fue un psicópata calculador; para el pueblo de Valparaíso, es una “animita” que concede milagros desde el más allá.

​El viento en el Cementerio de Playa Ancha no solo arrastra el salitre del Pacífico; arrastra plegarias. Allí, entre lápidas corroídas por el tiempo, destaca un cenotafio tapizado de placas de bronce y flores frescas. No es la tumba de un prócer, sino el refugio eterno de Louis-Amédée Brihier Lacroix, el hombre que el mundo conoció como Émile Dubois.

​A 119 años de sus crímenes, su figura no descansa. Para los devotos que suben el cerro, Dubois no fue un asesino, sino un justiciero. Un Robin Hood de levita y laque que, en los albores del siglo XX, puso en jaque a la burguesía extranjera del puerto principal.

​Un fantasma con modales de seda

​Nacido en Étaples, Francia, en 1867, la biografía de Dubois es un rompecabezas de sombras. Huyó de Europa tras un homicidio en una mina belga, recaló en América y adoptó identidades como camaleón. En Colombia sedujo a Úrsula Morales, una joven de 15 años que se convertiría en su cómplice y sombra hasta el último suspiro.

​Tras un rastro de sangre en Bolivia, Dubois aterrizó en Chile. No llegó como un forajido, sino como un “ingeniero en minas” de modales exquisitos. Frecuentaba los clubes de la élite, estudiaba los movimientos de sus víctimas y se ganaba su confianza antes de dar el zarpazo.

“No mato ni chilenos, ni mujeres, ni niños”, solía decir. Su objetivo eran los “usureros”: empresarios y prestamistas extranjeros que acumulaban fortunas mientras el pueblo malvivía en los conventillos.

​La ruta del laque y el reloj de oro

​El debut sangriento ocurrió en Santiago, el 7 de marzo de 1905. La víctima fue Ernesto Lafontaine, el primer alcalde de Providencia. Fue hallado en su oficina, molido a golpes. El botín: dinero y un reloj de oro que, a la postre, se convertiría en la soga al cuello de Dubois.

​Acorralado por la policía capitalina, se refugió en Valparaíso. Allí, el “artista del crimen” perfeccionó su técnica utilizando un laque —una porra de cuero y piedra— y un puñal certero. Cayeron el inglés Reinaldo Tillmanns y el alemán Gustavo Titius. La leyenda cuenta que Dubois, con una sangre fría aterradora, asistió al funeral de Titius para dar el pésame a la viuda.

​Su racha terminó tras el ataque al dentista Charles Davies en la Plaza Aníbal Pinto. El inglés resistió, los gritos alertaron a los vecinos y, tras una persecución cinematográfica por las escaleras del puerto, el “señor del crimen” fue capturado.

​El Terremoto y el Honor

​En agosto de 1906, mientras Dubois esperaba sentencia, la tierra se abrió. El terremoto de Valparaíso redujo la cárcel a escombros. En medio del caos y las fugas masivas, Dubois permaneció sentado entre las ruinas.

“Escapar es confesar culpabilidad”, declaró. Ese gesto de integridad aparente terminó por sellar su pacto de amor con el “populacho”, que ya lo veía como una víctima del sistema judicial.

​”Apunten al corazón”

​La mañana del 26 de marzo de 1907, el espectáculo llegó a su fin. Ante un pelotón de cuatro fusileros, Dubois rechazó la venda. Fumó un último cigarrillo con la parsimonia de quien espera un tren y dictó su propio epitafio en un discurso encendido:

“Se necesitaba un hombre que respondiese por estos crímenes y ese hombre he sido yo. Muero inocente”.

​Él mismo dio la orden de fuego. Su última voluntad fue técnica, casi profesional: “Sólo les pido que apunten bien al corazón”.

​Hoy, en el pasaje Ludford del cerro Concepción o en los pasillos de Playa Ancha, el mito de Émile Dubois sigue vivo. ¿Fue un asesino serial con delirios de grandeza o un rebelde contra la usura? Para la historia, es un criminal; para Valparaíso, es un santo que, a cambio de un favor, solo pide que no se olvide su nombre.


Comparte si te ha gustado
Avatar photo

Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *