jue. Sep 3rd, 2026
La amistad entre Joaquín Sabina y Gabriel García Márquez trascendió la literatura y la música
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Entre el humo de los escenarios y la magia del realismo mágico se tejió una complicidad poco común. La amistad entre Joaquín Sabina y Gabriel García Márquez trascendió la literatura y la música, manteniéndose intacta hasta los últimos días del Nobel colombiano. Una anécdota revelada por el cantautor español en la televisión argentina retrata con sutileza y nostalgia la intimidad de ese vínculo.

​Cada visita de Sabina a la Ciudad de México incluía una parada obligada en la residencia de Gabo y su esposa, Mercedes Barcha. La devoción compartida por la música los llevaba con frecuencia a un tradicional piano bar capitalino, refugio donde la cumbia y el mariachi marcaban el ritmo de sus encuentros.

​Con el paso del tiempo, el avance severo del Alzheimer comenzó a nublar la memoria del autor de Cien años de soledad, hasta el punto de borrar el reconocimiento hacia sus allegados más cercanos. Sin embargo, la rutina del afecto no se interrumpió. Sabina continuó visitándolo para mantener la costumbre de llevarlo, junto a Mercedes, al mismo rincón musical de siempre.

​El propio Sabina rememoró así la fuerza de ese ritual frente a la pérdida de la memoria:

​”Cuando llegaban los mariachis yo le cogía del hombro y cantaba a su oído; él recordaba la canción y comenzaba a cantar, cosa que no le pasaba ni con la cara de sus hijos.”

​En medio del olvido, la música actuaba como un puente extraordinario. Por el lapso de una ranchera, la memoria perdida cedía y Gabo, sencillamente, regresaba.


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Por Vish Fernandez

Columnista en portal de noticias de Guadalajara y CDMX. Gestor cultural, ganador de reconocimientos locales, nacionales e internacionales y promotor de la lectura.